viernes, 30 de enero de 2026

LA “MAGIA” DE LOS EXTRATERRESTRES: SI ARTHUR C. CLARKE LEVANTARA LA CABEZA






En casi cualquier discusión sobre el fenómeno ovni, cuando los defensores de la hipótesis extraterrestre (HET) se ven contra las cuerdas, noqueados por la alta extrañeza de la casuística, o, aturdidos por las tesis que contemplan alternativas a sus idolatrados alienígenas, recurren a la famosa frase de Arthur C. Clarke como un recurso salvador: «Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia». 

Sacando de la manga esta máxima intentan dar carpetazo a cualquier debate. Todo lo extraño, lo incoherente, lo absurdo y lo imposible queda automáticamente explicado bajo un mismo paragua “mágico”, la tecnología extraterrestre. El problema obviamente no es la frase del genial escritor de “2001: Una Odisea en el espacio” (1968). El problema es el torticero uso que se hace de ella.


CIENCIA FUTURA

Pero, ¿qué decía exactamente Clarke en su libro “Profiles of the Future” (1962)?: «Si le mostraras un motor diésel moderno, un automóvil, una turbina de vapor o un helicóptero a Benjamin Franklin, Galileo, Leonardo da Vinci y Arquímedes —una lista que abarca dos mil años de historia—, ninguno de ellos tendría dificultad alguna en comprender cómo funcionaban estas máquinas. Leonardo, de hecho, reconocería varias de sus propios cuadernos de notas. Los cuatro hombres quedarían asombrados por los materiales y la calidad de la fabricación, que parecerían mágicos en su precisión, pero una vez superada esa sorpresa, se sentirían bastante cómodos, siempre y cuando no indagaran demasiado en los sistemas de control auxiliares y eléctricos. Pero ahora supongamos que se enfrentaran a un televisor, una computadora electrónica, un reactor nuclear o una instalación de radar. Más allá de la complejidad de estos dispositivos, los elementos individuales que los componen serían incomprensibles para cualquier hombre nacido antes de este siglo. Independientemente de su grado de educación o inteligencia, no poseería la estructura mental necesaria para asimilar los haces de electrones, los transistores, la fisión atómica, las guías de ondas y los tubos de rayos catódicos».

Desde hace varias décadas, buena parte de los defensores de la HET recurren a este planteamiento como una coartada elegante e intelectual para evitar enfrentarse de manera directa a la enorme cantidad de casos ufológicos que no encajan, ni a martillazos dentro de un modelo clásico de visitantes de otros mundos. Con esta premisa, imaginan que los alienígenas están cómodamente sentados frente a un tablero de mandos donde prácticamente pueden ejercer de dueños supremos del tiempo y el espacio, manejando y diseccionando nuestra realidad como si fueran cirujanos milagrosos. Y nosotros, evidentemente, seres primitivos no podemos comprender ni su ciencia ni sus propósitos y todo nos parece una locura inexplicable.

 

LOS ARCHIVOS DEL CAOS

Pero obviamente, mucho me temo, que esto no es lo que encontramos en los archivos ufológicos. Tenemos que tener presente que la casuística ovni no es simplemente “extraña” porque no la entendamos o los extraterrestres nos lleven milenios de adelanto. Realmente estamos ante un caótico archivo de casos profundamente absurdos que precisamente por saber interpretar, casi sin problemas, su contenido estético y narrativo, como si asistiéramos a una obra de teatro, nos parece incoherente. Aunque insisto, no en el sentido de lo incomprensible por avanzado ni distinto, sino en el sentido de lo confuso, lo teatral, lo grotesco y lo contradictorio que parece ante nuestros ojos. Ufonautas que actúan como parodias humanas, entidades que parecen sacadas de un delirio febril, mensajes crípticos sin lógica aparente, encuentros que se mezclan con poltergeist, apariciones religiosas o episodios claramente folklóricos. Todo eso forma parte del entramado ufológico. Como parte de una escenificación, forzada, impostada o caricaturizada.

Ante este panorama, la apelación constante a la “magia” tecnológica por parte de estos investigadores cumple una función muy concreta, crear un recurso que parece que lo explica todo, pero en realidad no explica nada… por tanto la magia no se traduce en nada concreto. Es una abstracto.

Se nos dice que los extraterrestres poseen una tecnología tan superior que nos parece magia cuando la tenemos enfrente y que no podemos llegar más allá porque poco menos que somos como un conjunto de hormigas ante un imponente cohete espacial o el tablero de un ordenador.

Muy bien.

Pero el problema es que, con esa misma lógica, se nos pide aceptar sin rechistar que unos visitantes alienígenas capaces de cruzar el espacio interestelar no sepan comunicarse con nosotros de forma coherente pese a llevar más de setenta años observándonos, y conocen a la perfección todos nuestros idiomas y gestos, nadie ve raro que se pasen el tiempo vigilando silos nucleares mientras hay guerras y desastres casi a diario, o que se presenten con disfraces ridículos y comportamientos propios de una película de ciencia ficción de serie B. Todo ese galimatías es producto de una superciencia que es “magia”. Y se quedan tan panchos.

Aquí es donde la célebre frase de Clarke deja de ser una reflexión brillante para convertirse en una triquiñuela intelectual. El célebre autor se refería, sobre todo, a que las personas del pasado serían incapaces de comprender cómo funcionan ciertos artefactos, pero no a que fueran incapaces de interpretarlos de algún modo. Podrían entender, por ejemplo, que la televisión es una especie de bola de cristal que muestra escenas ocurridas en otro lugar, o que la radio trae voces desde más allá. Si vieran a un astronauta con su traje, quizá no sabrían para qué sirve exactamente, pero sí captarían que en su interior hay un humanoide antropomorfo, o lo identificarían como un diablo o un espíritu.

 

¿REALMENTE ES TAN INESCRUTABLE LO QUE VEMOS?

Por tanto, una cosa es la incomprensión, lógica por supuesto, de la ciencia futura que hay detrás de lo que ven los testigos y otra muy distinta es que una persona quede completamente descolocada ante lo que presencia. Puede asustarse, asombrarse o correr en la dirección opuesta, pero no está viendo algo completamente ajeno a su imaginario. Si el astronauta le pide agua a una persona en el Siglo VIII, el mensaje es tan sencillo de entender como si se lo pidiera su vecino. Y esto es precisamente lo que encontramos en la casuística ufológica, acciones cotidianas o mundanas incrustadas en un escenario que nos resulta extraño y ajeno, incluso inquietante. De hecho, casi todos los encuentros cercanos con ovnis contienen trazas culturales que los hacen, en parte, perfectamente reconocibles. Incluso los aparatos y maquinarios que portan estos visitantes de las estrellas tienen una pátina terráquea. De hecho, sus armas son casi idénticas a las nuestras. Y cuando un testigo entra en un platillo volante ve una “pantalla” y “mandos” o “controles” muy parecidos a los que utilizamos los humanos.

Entonces la frase de Clarke se utiliza en realidad, con el único propósito de evadir responder a los enigmas e incongruencias de la casuística y para no tener que poner en solfa la tesis extraterrestre. No hay más. Se escudan en este pensamiento para no tener que dar explicaciones del absurdo, ni las incoherencias que presentan muchos informes, simplemente se crea una trinchera para agachar la cabeza. Los defensores de la HET no afrontan las grandes interrogantes del fenómeno, las esquivan por arte de magia.

Pero lo más llamativo de todo este asunto, es que ese mismo concepto de “magia”, que tanto les gustan, resulta inadmisible o intolerable cuando aparece en otros modelos interpretativos. Las hipótesis que rehúyen en su discurso a los alienígenas, como los ultraterrestres de John Keel, el sistema de control de Jacques Vallée o la propia teoría de la Distorsión son despachadas con burla o desdén como algo fantasioso y nada científico. ¿Por qué? ¿Qué diferencia real existe entre la magia tecnológica extraterrestre y esas otras formas de “magia” que ridiculizan?

Usar la frase de Clarke de esa forma es traicionar claramente su espíritu. Porque hay demasiadas cosas que no encajan con la HET, incluso aunque los alienígenas tengan una chistera mágica.

 



JOSE ANTONIO CARAV@CA 


Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.



viernes, 23 de enero de 2026

JACQUES VALLÉE, LA IA EXTRATERRESTRE Y LA FRACTURA DE SU SISTEMA DE CONTROL

 




En la reciente rueda de prensa celebrada en Washington y organizada por James Fox, dedicada al controvertido caso de Varginha, muchos asistentes quedaron sorprendidos al ver un vídeo del investigador Jacques Vallée en el que exponía una interpretación del fenómeno OVNI sensiblemente alejada de su postura clásica asociada al llamado Sistema de Control y acercándose a la hipótesis extraterrestre (HET). En dicha intervención, Vallée afirmó que el fenómeno:«parece ser un fenómeno extraterrestre potenciado por una inteligencia artificial avanzada».

Esta declaración choca casi frontalmente con décadas de una defensa férrea de la idea de que estas manifestaciones poco o nada tenían que ver con visitas extraterrestres en sentido clásico, pese a que en algunas ocasiones dejaba la puerta abierta a la idea de una “tecnología alienígena”, aunque sin entrar mucho en materia. En su libro Forbidden Science: Journals, 1957-1969 (1992) decía ya que: «Mi propia especulación es que los ovnis operan en una realidad multidimensional de la que el espacio-tiempo es un subconjunto. En ese sentido, no rechazo por completo la idea de un origen extraterrestre: pero creo que la forma de inteligencia que el fenómeno representa podría coexistir con nosotros en la Tierra con la misma facilidad que podría originarse en otro planeta de nuestro universo, o en un universo paralelo».

Aunque previamente, Vallée llegó a publicar en 1990 el artículo Five Arguments Against the Extraterrestrial Origin of Unidentified Flying Objects, donde sostenía que tanto el elevadísimo número de aterrizajes OVNI como la sospechosa antropomorfización de los supuestos ocupantes invalidaban por completo la Hipótesis Extraterrestre como explicación del fenómeno ufológico. Precisamente por ello, sus palabras han causado una notable extrañeza.

Con el objetivo de profundizar en esta aparente punto de roptura, el investigador Joe Murgia decidió interpelar directamente a Vallée por correo electrónico: «Hoy, durante la conferencia de prensa sobre Varginha organizada por James Fox, dijiste que el fenómeno: “parece ser un fenómeno extraterrestre potenciado por una inteligencia artificial avanzada”. ¿Se trata de un cambio en tu opinión sobre el origen del fenómeno? Porque, a lo largo de los años, has hablado de otras realidades y dimensiones y te has inclinado a alejarte de la Hipótesis Extraterrestre (ETH). Busco una aclaración que pueda publicar en Twitter/X.»

La respuesta de Vallée no se hizo esperar: «No creo que esas ideas sean mutuamente excluyentes. Hemos empezado a utilizar la IA de forma bastante activa, y debemos esperar que otras especies también lo hagan —y mejor que nosotros. Para mí, las criaturas vistas en Trinity, Socorro y Valensole, y ahora reveladas con bastante claridad en Varginha, podrían ser “robots” biológicos artificiales, diseñados para soportar nuestra gravedad, respirar nuestro aire y parecer lo suficientemente “humanoides” como para interactuar con nosotros —o simplemente para aprender sobre nosotros. Cuando hablaba de esto con Bill Powers alrededor de 1966, justo después de Socorro, él bromeó medio en serio diciendo que podrían ser “máquinas de observación”. Eso podría significar que cualquier proyecto secreto diseñado para estudiar su biología, aunque extremadamente interesante, no nos enseñará nada sobre el origen de los ovnis, cuyos verdaderos controladores están en otro lugar y han evolucionado como nosotros. He llegado a creer que hay al menos dos niveles involucrados».

Sin embargo, lejos de clarificar definitivamente su postura, estas explicaciones parecen añadir un nuevo nivel de confusión a sus últimas declaraciones ambiguas, incluido el libro Trinity (2024) donde coqueteaba más abiertamente que nunca con la HET. La introducción de conceptos como “robots biológicos artificiales”, “inteligencias artificiales extraterrestres” u “otras especies” entra en clara colisión con la línea argumental que Vallée ha sostenido durante décadas bajo el marco del Sistema de Control. En su libro Confrontaciones (2022) escribía: «Como alternativa a la HET, propongo considerar el fenómeno ovni como una manifestación física de una forma de conciencia que es ajena a los humanos, pero que es capaz de coexistir con nosotros en la Tierra [...] El fenómeno ovni no puede ser compartimentado. Es un fenómeno holístico que conecta con todo aspecto del conocimiento humano, desde el folklore hasta la astrofísica, desde la etnología hasta la física cuántica, desde la física de partículas hasta la parapsicología». Vallée argumentaba que: «El fenómeno ovni existe. Ha estado presente a lo largo de toda nuestra historia. Es de naturaleza física y la ciencia actual no es capaz de explicarlo. Corresponde a un nivel de conciencia que nosotros no hemos alcanzado todavía, es capaz de manipular las dimensiones temporales y espaciales que conocemos y afecta nuestro propio nivel de conciencia de una manera incomprensible, comportándose globalmente como lo haría un sistema de control (Vallee.1992)».

Aunque él insiste en que estas ideas no son excluyentes, el propio reconocimiento de “dos niveles” y la existencia de “verdaderos controladores” situados en otro plano sugiere, de facto, una suerte de hipótesis extraterrestre de segundo grado. En última instancia, Vallée parece estar admitiendo de forma implícita, en los últimos tiempos, la existencia de un componente alienígena en el fenómeno, un extremo del que, como hemos visto, nunca se desvinculó por completo, al tiempo que intenta preservar, mediante sutiles equilibrios conceptuales, la coherencia de un imponente edificio teórico levantado a lo largo de más de seis décadas precisamente sobre la exclusión de esa posibilidad.




JOSE ANTONIO CARAV@CA


Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.



 

jueves, 22 de enero de 2026

EL MISTERIO OVNI: ¿INTELIGENCIAS EXTERNAS… O ALGO MÁS COMPLEJO?

 







Durante décadas, el fenómeno OVNI ha ocupado un lugar privilegiado en el imaginario colectivo suscitando todo tipo de interrogantes y debates sobre su naturaleza y objetivos. Desde luces imposibles en el cielo hasta encuentros cercanos con supuestos astronautas de otros mundos, el asunto ha alimentado libros, documentales y discusiones interminables, sin que hasta el momento hayamos sido capaces de resolver la ecuación.

Sin embargo, si observamos el panorama con cierta perspectiva, hay un dato que llama poderosamente la atención ya que en las últimas 4 décadas, los encuentros cercanos, los eventos más desconcertantes de estas manifestaciones, y los que ofrecían más detalles y mayor proximidad han disminuido de una forma drástica.

No es que el fenómeno haya desaparecido del todo, pero sí parece haberse diluido en intensidad y en calidad de información y reservarse solo para avistamientos lejanos, y bajo unos parámetros que parecen muy alejados de aquella grandilocuencia que fascinaba a propios y extraños cuando los objetos se revestían de una alta extrañeza que nada tiene que ver con las luces o artefactos descritos en la actualidad.

Y tras muchos años de incertidumbres y confusión, podemos preguntarnos ¿Por qué no hay coherencia en sus manifestaciones?

Porque si algo ha demostrado el fenómeno ovni es que es sencillamente aleatorio y caótico en sus presentaciones, tanto en lo que se ve como en lo que supuestamente comunican los “visitantes”. Miles de informes de encuentros cercanos acumulados durante más de medio siglo no dibujan un patrón claro. Al contrario, nos muestran un mosaico caótico de descripciones, comportamientos y experiencias que no encajan entre sí, más allá de su esqueleto básico. No existe la repetición ni la coherencia.

Unos hablan de seres altos y luminosos, otros de criaturas monstruosas, otros de humanos “perfectos”. Algunos encuentros son pacíficos, otros traumáticos y muchos apáticos o sin sentido. Unos incluyen mensajes espirituales, otros amenazas veladas y una gran mayoría un baturrillo de absurdeces. Nada se repite de forma consistente. Y eso es crucial.

Si estuviéramos ante una inteligencia sistematizada, tecnológica y avanzada, como se supone que sería una civilización extraterrestre, lo lógico sería esperar cierto orden, un método reconocible, una estrategia coherente. En síntesis ciertos patrones lógicos. Y aunque no entendiéramos sus mensajes o intenciones, por ese salto cognitivo entre  especies muy diferentes, por lo menos a nivel observacional si deberíamos encontrar cierta uniformidad si se tratara de un fenómeno puramente físico.

Pero lo que registramos es justo lo contrario, ya que tenemos un modus operandi anárquico, sin control aparente, sin continuidad y sin una lógica clara.

Esto nos obliga a replantearnos muchas teorías expuestas para explicar estas experiencias. Las que hablan de extraterrestres, viajeros del tiempo, seres intraterrestres, entidades extradimensionales e inteligencias artificiales alienígenas tienen que enfrentarse a una realidad incuestionable el fenómeno no se comporta como algo estructurado. Ni siquiera como algo que está ahí afuera esperando a presentarse.

Entonces, ¿qué es lo que está ocurriendo?

Cada vez más investigadores sugieren que el fenómeno ovni podría estar interactuando con la mente humana de una forma mucho más profunda de lo que creemos. Pero no limitado a lo “psíquico”, sino afectando también a la realidad física. Como si hubiera una conexión secreta entre conciencia, entorno y fenómeno que todavía no somos capaces de explicar.

No se trataría simplemente de “ver naves” o “seres”, sino de potentes experiencias visionarias complejas donde la percepción, lo mental y lo físico se mezclan y entrelazan de formas impensables. Sin duda estamos ante incidentes reales, físicos y externos al ser humanos, pero no necesariamente explicables con los modelos clásicos basados en el concepto visitantes espaciales y tecnología de tuercas, tornillos y chips.

Tal vez el error ha sido querer encajar el fenómeno ovni dentro de esquemas demasiado rígidos de nuestra ciencia, que juzga que, o se trata de tecnología alienígena… o es imaginación. Y quizá la verdad se mueve en un terreno mucho más incómodo, más ambiguo y más difícil de clasificar.

Lo que parece cada vez más claro es que este fenómeno no debe traducirse, ni resolverse, con los mismos mecanismos capitales que hemos manejado hasta ahora. Porque si algo nos dicen décadas de testimonios es que no estamos enfrentados a una realidad física convencional cualquiera que sea su origen, sino ante un misterio que desafía por completo nuestra forma de entender la realidad, la mente y sus límites.

Y eso, lejos de cerrarlo, lo hace todavía más fascinante.

Creo que el fenómeno ovni influye en la mente de quienes lo observan. Por eso, es posible que la forma en que se manifiesta en muchos encuentros cercanos, lo que las personas dicen ver, no sea fija, sino el resultado de una interacción entre el fenómeno y la psique del testigo. No sería tanto que nuestra mente “interprete” o “traduzca” algo desconocido, sino que el propio fenómeno parece adaptarse o cambiar al estar en contacto con nosotros.

Como si aquello que se manifiesta no fuera una cosa fija, sino algo que responde, se adapta o se distorsiona en función del observador. Pero no estamos seguros si esta influencia sea un producto de una interacción encubierta provocada, o simplemente porque el fenómeno opera en una frecuencia afín a la de nuestra mente y ese acoplamiento es inevitable por su propia naturaleza.

Tal como lo concibo, la naturaleza del fenómeno podría ser informacional. No como una tecnología en el sentido habitual, sino como una especie de puente entre nuestra realidad y otra distinta. A través de ese puente no solo se muestra algo externo, sino que también se nos transmite información que puede cambiar cómo percibimos la realidad y, con el tiempo, nuestra forma de pensar y a más largo plazo nuestra conciencia.

Este tipo de comunicación podría verse como un intento de acercarse a nuestra forma de pensar o a nuestra cultura para que entendamos algo desconocido. Pero si atendemos a la casuística, el fenómeno no se comporta como un lenguaje organizado o estructurado. Al contrario todo parece fruto de un proceso aleatorio, lleno de variantes, casi anárquico. Y si existiera un “mensaje” claro, entre miles de experiencias habría mucha más coherencia.

Quizá no estemos ante excelsas civilizaciones alienígenas o vaporosas entidades de otras dimensiones, sino ante algo que actúa como un “sistema operativo” que, al interactuar con la conciencia humana, provoca “actualizaciones” psíquicas imprevisibles en sus usuarios.

Estas manifestaciones no nos explican cómo funciona el mundo, pero nos obligan a replantearnos quiénes somos y qué hay más allá de la realidad cotidiana…



JOSE ANTONIO CARAV@CA

Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.



jueves, 1 de enero de 2026

DISTORSIÓN: LOS TRES “ESTADOS” EN LOS QUE SE MANIFIESTA EL FENÓMENO OVNI


 



Uno de los grandes debates dentro del estudio del fenómeno OVNI gira en torno a una pregunta que, a simple vista, puede parecer sencilla: ¿estamos realmente ante un fenómeno físico? La respuesta parece no entrañar mucha dificultad, ya que solemos pensar que los OVNIS son objetos materiales. No obstante, al cotejar esta explicación con la casuística revela múltiples aristas que nos demuestra, una vez más, que en el asunto de los platillos volantes nada es lo que parece.

Durante décadas, la mayoría de los investigadores han defendido a capa y espada que los OVNIS son máquinas de “chapas y tornillos”, capaces de provocar diversos rastros sobre el terreno, producir efectos electromagnéticos, inducir alteraciones fisiológicas en los testigos o incluso dejar supuestos restos materiales tras su paso. Sin embargo, por otro lado, se ha comprobado que en muchas otras ocasiones, más de las que se quieren admitir, el fenómeno no parece tener una base física y comportarse como si fuera un fantasma del medievo. Y aquí es donde empiezan nuestros problemas para entender realmente a qué nos estamos enfrentando…


ENCUENTROS CERCANOS: CUANDO LA REALIDAD SE VUELVE EXTRAÑA

Es especialmente en los llamados Encuentros Cercanos con OVNIs, aquellos episodios de mayor proximidad con el fenómeno donde se dispara exponencialmente el factor de extrañeza asociadas a estas manifestaciones. En estos casos, los OVNIs y sus ocupantes parecen moverse en una zona ambigua, casi liminal, ya que a veces dejan pruebas físicas palpables y en otras ocasiones no dejan absolutamente nada tras su partida o desaparición. Aunque  lo más inquietante es que no hay diferencias que nos permitan separar los encuentros físicos de los que no lo son. Dos aterrizajes OVNIs aparentemente idénticos en todos sus detalles se comportan de forma antagónica sin razón aparente. En el Caso A, el terreno aparece calcinado, con aplastamiento de algunas zonas y con niveles de radiación; en el Caso B, a pesar de que el objeto aterrizó de la misma manera que en el anterior suceso y sobre un terreno idéntico, la hierba no está ni despeinada. Todo ello sugiere que la fisicalidad del fenómeno no se comporta de forma constante o usual, al menos no en los términos que nosotros entendemos normalmente. Si el fenómeno fuese puramente físico (una nave de metal de otro planeta), dejaría siempre huellas. Si fuese una construcción etérea, jamás quemaría el suelo. Pero la realidad es que ni una cosa ni la otra encajan plenamente en este modelo. Además, en numerosas ocasiones las huellas dejadas sobre el terreno resultan claramente inconsistentes con lo observado durante la experiencia, añadiendo aún más incertidumbre. Marcas demasiado superficiales para un objeto que aparentaba gran tamaño o peso, huellas incompletas, distribuciones irregulares o efectos físicos parciales sugieren que la manifestación no se comportó como lo haría cualquier objeto material convencional. Esta discordancia refuerza la idea de que, aun cuando el fenómeno es capaz de dejar evidencia material, y, por tanto, de ser considerado algo físico, dicha evidencia no sigue las reglas habituales de la interacción física normal, apuntando a una materialidad anómala, fluctuante o incompleta. Pero ¿a qué se debo esto?

Es en este punto es donde entra en juego la Teoría de la Distorsión, una propuesta que no niega la materialidad del fenómeno OVNI, pero sí cuestiona que esta sea constante, estable o comparable a la de cualquier otro objeto físico convencional (aunque es probable que algún tipo de "restos" puedan permanecer en el medio debido a la interacción). Por ello, la Distorsión se distancia de la interpretación clásica, la que sostiene la Hipótesis Extraterrestre, ya que no cree que esta fisicalidad del fenómeno deba ser entendida como una prueba indiscutible de que estamos en presencia de naves espaciales de origen alienígena. El matiz, que muchos prefieren no cuestionar, es que este hecho no debería llevarnos a dar un salto teórico tan concluyente y asumir que la única explicación posible sea la presencia de naves procedentes de otros mundos. Ese es un paso que la Distorsión no está dispuesta a dar.

Entonces, ¿cómo deberíamos analizar esta materialidad del fenómeno? ¿Es posible que exista otra lectura de este aspecto?

 

LOS 3 ESTADOS DE LA “MATERIA” DEL FENOMENO OVNI

Para comenzar, es necesario definir con precisión el comportamiento físico del fenómeno, contrastándolo con una amplia casuística y verificando si se ajusta a parámetros normales o si existe la posibilidad de explorar otras explicaciones. La teoría de la Distorsión plantea que las manifestaciones ufológicas, a tenor del escrutinio de numerosos incidentes, pueden presentarse ante los observadores en tres estados distintos, cada uno con rasgos propios que contribuyen a comprender su complejidad.

El primero es el ESTADO FÍSICO o material, en el que el fenómeno se comporta como un objeto tangible, capaz de dejar huellas en el terreno, aplastar la vegetación, afectar dispositivos electrónicos o provocar efectos fisiológicos en los testigos. Es el estado que más se ajusta a nuestra concepción habitual de lo real y material.

El segundo es el ESTADO NO-FÍSICO o intangible, que conviene aclarar que no es menos real ni menos nítido que la manifestación de forma física. Para los testigos, lo percibido es tan definido y aparentemente sólido que es indistinguible de la realidad objetiva; no aparece borroso ni parece el producto de una ensoñación. Sin embargo, carece de materia, por lo que no deja rastros físicos, aunque sigue estando presente “ahí afuera” e incluso interactuar con objetos del entorno, como si fuera consciente de lo que lo rodea. La inmaterialidad de la escena, nada acorde con lo esperado de visitantes de las estrellas, es lo que hace que muchos investigadores rechacen de plano este tipo de sucesos al considerarlos, en el mejor de los casos, como producto de la imaginación de los testigos. Además, este estado parece coincidir a la perfección con lo que diversas tradiciones describen como el mundo de lo imaginal, las experiencias chamánicas y los episodios visionarios documentados a lo largo de la historia, y que durante mucho tiempo no han sido tenidos en cuenta precisamente por considerarse simples productos de la mente. Sin embargo, en muchas de estas experiencias los protagonistas no solo afirmaban haber “visto” algo, sino haber interactuado con ello: dialogar con seres y entidades, tocar objetos, desplazarse por paisajes desconocidos o recibir información que percibían como externa a ellos mismos. Los protagonistas insistían en que la “visión” tenía una realidad incuestionable, a veces incluso más nítida y definida que la percepción cotidiana y que por supuesto ni eran ensoñaciones ni alucinaciones. En ciertos casos, el fenómeno provocaba efectos fisiológicos y psicológicos significativos en los testigos, además de dejar evidencias físicas de carácter altamente extraño.

Finalmente, existe un ESTADO INTERMEDIO, en el que el fenómeno combina características físicas con su naturaleza etérea y no material. En este caso, los registros sobre el terreno resultan extraños, incompletos o difusos: las huellas que deberían aparecer según lo observado por los testigos no siempre están todas o se encuentran de manera parcial o anómala.

La existencia de estos tres estados explica por qué el fenómeno puede ser percibido como tangible o intangible, sólido o etéreo, y por qué los efectos que hallamos sobre el entorno y los propios testigos son tan variados y, a veces, aparentemente contradictorios o sin lógica alguna. Siguiendo este marco teórico, tambien podríamos considerar la posibilidad de que el fenómeno no tendría por qué manifestarse en un único estado como estamos acostumbrados a registrar, sino que podría recorrer sucesivamente, o incluso simultáneamente, los tres estados descritos anteriormente: físico, no-físico e intermedio. Así, una misma experiencia podría comenzar con una presencia plenamente material que deja huellas o provoca efectos sobre el entorno, pasar después a una fase intangible en la que la manifestación sigue siendo percibida con absoluta nitidez pero ya no deja rastros físicos, y finalmente situarse en un estado híbrido en el que lo observado parece “a medio camino” entre ambos planos, generando evidencias parciales, anómalas o difíciles de interpretar. Esta naturaleza multifacética tambien explicaría por qué muchos testigos describen aparentes cambios en la estructura o comportamiento de la “escenografía” y los “actores”, como si perteneciera a un tipo diferente de realidad a la común. Además es muy probable que el fenómeno, por esa interacción intima con la psique de los testigos, sea capaz de alternar, de una forma que no logramos entender, el mundo interno y externo de manera casi sincrónica. Esto podría explicar la mezcla de sensaciones y percepciones extrañas que experimentan los observadores, ya que no se trataría ni de un evento puramente psíquico ni de uno estrictamente físico, sino algo de carácter intermedio, de una naturaleza que nos supera por completo.

Todo esto refuerza la idea de que no estamos ante un objeto convencional, sino ante un proceso dinámico cuya forma final depende tanto de su propia naturaleza como de la interacción que establece con la conciencia del observador.

Pero ¿Qué tan importante es la participación de los testigos?


¿LOS TESTIGOS ENLACES DEL FENÓMENO CON LA REALIDAD?

La Teoría de la Distorsión plantea que si analizamos la casuística ufológica comprobaremos que el único elemento que varía de un caso a otro es el testigo. Y si lo que se observa es tan cambiante en todos los aspectos, desde el visual al narrativo, incluso pasando por su forma de manifestarse sobre el medio en diversos estados, resultaría lógico pensar que estas diferencias no sean casuales. Por lo que es lógico deducir que esto puede deberse al modus operandi del fenómeno, o en su defecto a los efectos provocados por su interacción con los diferentes individuos. Y si la Distorsión ha determinado que el contenido visual de los encuentros cercano tiene mucho que ver con el inconsciente de los testigos, así como el comportamiento de la manifestación, no resulta arriesgado plantear que otros aspectos de estas apariciones dependan, o estén influenciadas o potenciadas por la implicación de los observadores.

Y por tanto, es factible que los testigos participen de alguna manera en la composición de la “materia” que finalmente presentará el fenómeno. ¿Y cómo se consigue esto? Es factible que la capacidad psíquica de los testigos, su estado emocional y el grado de interacción con lo manifestado pueden influir directamente en el estado en que se presenta el fenómeno ante sus ojos. Aunque no nos confundamos. No se trata de que los OVNIs y sus ocupantes sean creados por la mente humana, sino que, aunque el fenómeno posee una base propia, procedente de otra dimensión, de un estrato no perceptible de nuestra realidad o de un nivel de existencia diferente, su grado de manifestación física depende tambien en gran medida de la interacción con el observador. Es esa interacción, o el propio proceso que se establece entre ambas partes, la que permitiría que lo manifestado adquiera mayor o menor presencia en nuestro plano de realidad, como si pudiera ser “arrastrado” con distinta intensidad hacia nuestro lado.

En otras palabras, el fenómeno no se manifiesta de la misma manera en todos los encuentros; su consistencia material puede variar según la interacción con los testigos. Esto explicaría por qué algunos eventos parecen sólidos y dejan huellas, mientras que otros ocurren sin dejar ningún rastro, incluso en lugares habitados, pasando desapercibidos para otras personas que no forman parte de la experiencia del o los testigos. Y, lo más importante y desconcertante, todos los incidentes, independientemente de su estado, son indistinguibles entre sí salvo por su materialidad: no hay diferencias claras que permitan catalogarlas como “verdaderas” o “imaginarias”, ni se perciben más nítidas o difusas.

Tampoco puede descartarse que la capacidad del fenómeno para mantenerse como algo físicamente estable en nuestra realidad sea limitada en el tiempo, y que por ello necesite algún tipo de aporte energético para sostenerse. Dentro de esta hipótesis, es posible que la mente de los testigos podría actuar como esa fuente de energía, o puente, entre ambas realidades, ayudando a que la manifestación conserve una estabilidad. Incluso es posible que el propio fenómeno reduzca deliberadamente su nivel de materialidad, modificando su densidad cuando se manifiesta, para poder prolongarse en el tiempo sin consumirse con rapidez.


LA DESCONEXIÓN

Este modelo que esboza la Distorsión también ayuda a contextualizar dos aspectos recurrentes que encontramos incrustados en todo tipo de experiencias extraordinarias, paranormales, forteanas o sobrenaturales y cómo no, las ufológicas. Por un lado, sorprende la aparición y desaparición repentina de las escenas asociadas al fenómeno, como si surgieran de la nada y se desvanecieran sin dejar rastro. Y por otro, resulta aún más desconcertante que, en algunos casos, los propios observadores afirmen que basta con un pensamiento, una rechazo o una oración para que la manifestación se esfume. ¿Cómo puede un fenómeno aparentemente externo reaccionar de ese modo a la mente de quien lo observa? Y es que numerosos testimonios indican que la presencia del fenómeno cesa cuando el testigo reza, recita salmos, pronuncia conjuros o simplemente manifiesta con fuerza su intención de que todo desaparezca. Desde la Teoría de la Distorsión, esto no se interpreta como un acto mágico ni como intervención divina, sino como una alteración del estado mental y del proceso de interacción. Al romperse ese vínculo, la manifestación pierde su anclaje, físico, psíquico o intermedio, y desaparece de nuestra realidad observable. Hay que tener en cuenta que, en la mayoría de los casos, la distancia con la manifestado o el hecho de pronunciar estas oraciones de forma mental hace que el fenómeno no pueda percibir de manera “ordinaria” que el testigo desea “desconectar”. Por tanto es claro, que hay una conexión mental entre ambas partes.


UNA REALIDAD MÁS COMPLEJA DE LO QUE PARECE

En definitiva, la Teoría de la Distorsión sostiene que el comportamiento de las manifestaciones ufológicas señala en la dirección de que estas no pertenecen plenamente a la realidad ordinaria tal y como la entendemos, sino a un nivel de realidad mucho más compleja y difícil de encajar en nuestros modelos habituales de interpretación. Su altísimo grado de extrañeza no se limita a lo que los testigos dicen ver, sino que se extiende a la forma en que cómo fenómeno interactúa con el entorno físico o los propios observadores, dejando evidencias parciales, incoherentes o anómalas. Visto así, los OVNIs no serían simplemente “algo” mecánico volando por el cielo, sino el resultado de una interacción profunda entre el fenómeno y quien lo observa, una interacción que da lugar a una especie de escenificación que se presenta como real, pero que no siempre se comporta según las reglas habituales de la realidad que conocemos. Aunque a veces arrastre materia.

Por eso, responder a la pregunta sobre la dimensión física de los OVNIS no es tarea sencilla…





JOSE ANTONIO CARAV@CA

Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.