lunes, 29 de diciembre de 2025

LOS OVNIS NO SON SOLO OBJETOS FÍSICOS, Y ESO LO CAMBIA TODO

 



Casi desde sus inicios, allá por el año 2011, la Teoría de la Distorsión ha estado rodeada de malentendidos, y en muchos casos, de una simplificación excesiva, lo que ha llevado a ciertos aficionados, lectores e incluso a algunos investigadores a desvirtuar por completo su contenido.

Con frecuencia se la ha etiquetado de forma apresurada como una explicación puramente escéptica o psicológica del fenómeno OVNI, reduciéndola a una cuestión de alucinaciones o construcciones mentales sin base física ni externa. Esto hace que quienes critican la teoría crean que es fácil desacreditarla, precisamente porque parten de la idea de que no está apoyada en la casuística ni en el conocimiento del fenómeno OVNI, como si quien la formuló lo hubiera hecho a espaldas de los casos, los testimonios y las evidencias acumuladas a lo largo de décadas. De ahí que, casi de inmediato, surjan siempre las mismas preguntas retóricas intentando dejar en evidencia esta tesis: ¿Y cómo explica la Distorsión las huellas en el terreno, las fotografías o que otras personas también lo vean?, cuestiones que en realidad delatan más un desconocimiento del contenido real de la Distorsión que una refutación.

El error proviene de una lectura superficial de la Teoría de la Distorsión y de no comprender plenamente su idea principal, que dice que los OVNIS no son solo fenómenos físicos, sino que poseen una importante dimensión psíquica que no puede ignorarse. Pero esto no quiere decir que su explicación sea exclusivamente mental, ya que es precisamente esa condición híbrida, física y psíquica de las manifestaciones ufológicas, la que resulta incómoda y difícil de encajar dentro de nuestras expectativas sobre una visitación extraterrestre, y lo que cambia por completo nuestra manera de enfrentarnos al fenómeno. Y de hecho estos aspecto extremadamente extraños es lo que ha llevado a una completa confusión a la hora de abordar el estudio y comprensión del fenómeno, y la causa que llevemos casi 80 años intentando desentrañar su misterio sin habernos acercado a su núcleo.


UN ORIGEN EXTERNO: LAS DOS FASES DEL FENÓMENO

El primer punto que conviene dejar claro, y que suele ser el más tergiversado, es que la teoría de la Distorsión defiende la existencia de un origen externo e independiente del ser humano. No estamos hablando de alucinaciones, proyecciones mentales ni construcciones simbólicas nacidas exclusivamente de la psique del testigo. El fenómeno existe ahí fuera, con características propias, previas a cualquier observación humana. Es decir, no necesita al testigo para manifestarse, aunque sí para adquirir forma en determinadas circunstancias que es un matiz importante en esta tesis.

Desde este enfoque, el fenómeno puede entenderse en al menos dos fases claramente diferenciadas:

1. LA FASE AUTÓNOMA

En esta etapa, la manifestación se produce de manera independiente del observador. Si rastreamos en la literatura sobre encuentros sobrenaturales o extraordinarios encontramos patrones recurrentes: luminarias inexplicables, luces erráticas o fogonazos, sensación intensa de presencia, comunicación telepática con “algo desconocido”, siluetas extrañas o formas indefinidas, sonidos extraños...

Estas características parecen propias del fenómeno en sí, más allá de la cultura, la época o las creencias del testigo. Por ello, las manifestaciones anómalas parecen existir al margen de nuestra propia presencia.

2. FASE DE INTERERACCIÓN

Es aquí donde entra en juego lo que denominamos Distorsión. En un momento determinado de la experiencia se produce una interacción directa entre el fenómeno y la mente del testigo, una interacción que no es casual ni uniforme, sino que depende de varios factores como puede ser la proximidad física, la duración del contacto, el grado de implicación emocional y, sobre todo, las capacidades psíquicas de cada individuo. En ese punto, el fenómeno parece reaccionar a la presencia humana incorporando a su manifestación elementos reconocibles, extraídos del imaginario personal y colectivo del testigo, como si necesitara traducirse a un lenguaje simbólico comprensible para la mente humana. Por tanto, la apariencia que percibimos del fenómeno, especialmente cuando adopta elementos que nos resultan familiares o están vinculados de algún modo a nuestra cultura, no es casual. Se trata de una especie de “colaboración encubierta”, un collage, entre el testigo y la manifestación, donde nuestra mente participa, de manera sutil, en la construcción de la escena, moldeando tanto su contenido visual como narrativo. Históricamente, este proceso ha dado lugar a interpretaciones en clave religiosa o sobrenatural de estos fenómenos: ángeles, demonios, duendes, apariciones marianas, la Santa Compaña o seres feéricos de todo tipo. En la era contemporánea, ese mismo mecanismo de adaptación o de filtrado adquiere formas acordes con nuestro contexto tecnológico, materializándose como platillos volantes y astronautas de otros mundos. No es, por tanto, el fenómeno el que cambia su naturaleza o su esencia de manera intencionada para manipularnos o engañarnos, sino que esa variación depende en gran medida de la capacidad del observador para encajar lo que está presenciando dentro de un sistema de creencias que le permita dar sentido a algo, en principio, incomprensible. Estaríamos hablando que los testigos crean una pantalla o interferencia entre el fenómeno y su sistema cognitivo, que quizás impide nuestra recepción adecuada del mensaje, la enorme extrañeza, la aparente ilógica y el sinsentido de estas manifestaciones, que no parecen perseguir otro objetivo que provocar confusión, sorpresa o desconcierto.


¿SIGNIFICA ESTO QUE TODO OCURRE A NIVEL PSICOLÓGICO?

Rotundamente, no.

La teoría de la Distorsión no niega la fisicalidad del fenómeno. Al contrario: sostiene que estamos ante algo que posee una doble naturaleza, física y psíquica. Esa condición dual explicaría por qué puede interactuar con el entorno material, dejando huellas, produciendo efectos electromagnéticos, siendo observado o incluso fotografiado, además de provocar efectos fisiológicos sobre los testigos, pero, al mismo tiempo, es capaz de estableces una conexión profunda con la mente humana y desenvolverse en una dimensión intermedia donde lo externo y lo interno parecen solaparse.

La escasez de documentación gráfica concluyente tras más de ochenta años de observaciones no sería una prueba de la incompetencia de los fotógrafos, sino una pista clave de que el fenómeno opera dentro de rangos de realidad distintos a los habituales, lo que dificulta su registro bajo nuestros parámetros tecnológicos convencionales.


UN FENÓMENO COMPARTIDO… PERO INESTABLE

Uno de los aspectos que más debate ha generado en torno a la teoría de la Distorsión es la idea, bastante extendida, de que estaría defendiendo que se trata de un fenómeno estrictamente privado, y por tanto enmarcado dentro de la psicológica. Esta interpretación ha llevado a pensar que todo ocurre solo en el interior de la mente de una persona, como si se tratara de una experiencia subjetiva. Sin embargo, esta lectura no se ajusta a lo que realmente plantea la teoría.

Lejos de negar la realidad externa del fenómeno, la teoría de la Distorsión propone algo más complejo, ya que lo observado puede ser visto por varias personas a la vez, aunque no siempre de la misma manera, dando lugar a una experiencia común pero marcada por una notable inestabilidad perceptiva. Aunque la Distorsión se active en la interacción con un testigo concreto, la manifestación no queda confinada a su mente ya que estamos tratando con un fenómeno externo. Otras personas presentes pueden observarla, lo que descarta de raíz la idea de que se trate de una alucinación. Sin embargo, como indican cientos de incidentes las descripciones varían notablemente de un testigo a otro como señalando que lo observado es voluble. Este rasgo es común a todo tipo de apariciones consideradas “sobrenaturales” a lo largo de la historia. El fenómeno está ahí, pero sigue manteniendo un vínculo activo con la forma en que cada observador lo percibe e interpreta. Incluso parece que hay gente que se mantiene al margen sin que su mente sea capaz de procesar de ninguna forma la experiencia. Pero hay que dejar claro que no estamos hablando de un sesgo cognitivo al uso, sino que la manifestación reacciona a la interacción psíquica con los testigos cambiando y adecuando su forma externa a las características y detalles suministrados por el inconsciente de los observadores. Un ejemplo. Imaginemos el fenómeno OVNI no como un objeto con una forma fija, sino como una especie de materia “blanda”, comparable a una masa de arcilla que aún no ha sido moldeada. No es que el testigo se equivoque al mirarla ni que su mente proyecte una imagen por error, no hablamos de pareidolia ni de un simple sesgo cognitivo, que haría que el objeto en origen no hubiera cambiado, sino que esa “arcilla” adopta una determinada forma en el mismo momento en que entra en contacto con la conciencia del observador. En lugar de ser un “objeto” estático, la manifestación altera su propia estructura externa para encajar con la "biblioteca mental" de cada individuo.


LA BURBUJA DE IRREALIDAD

Uno de los aspectos más desconcertantes y, al mismo tiempo, más reveladores de la naturaleza parapsíquica del fenómeno es la sensación recurrente que describen los testigos de quedar momentáneamente apartados de la realidad cotidiana mientras tiene lugar la manifestación. Durante la experiencia, muchos observadores relatan la impresión de que a su alrededor se crea una especie de burbuja de irrealidad o campana de silencio, como si el entorno habitual quedara suspendido o aislado del resto del mundo.

Se han registrado numerosos encuentros junto a carreteras donde, de manera inexplicable, no pasa ningún vehículo. De igual modo, hay manifestaciones ufológicas, incluso encuentros cercanos en zonas habitadas que, a pesar de su llamativa presencia, no dejan más testigos. Todo ocurre como si el fenómeno creara un escenario propio, separado del flujo normal de la realidad cotidiana.

Es como si el testigo, o los testigos, entraran en un cine de repente, y sin previo aviso, donde se proyecta una “película” que solo ellos pueden ver en ese momento. La experiencia se percibe como completamente real, intensa y tangible, pero nadie más puede acceder a esa “sala” hasta que la proyección termina. Cuando la “película” concluye, la realidad compartida vuelve a fluir con normalidad, como si nada hubiera sucedido. Lo curioso es que, más allá de las sensaciones o algunos detalles percibidos, el testigo no podría señalar en qué ha cambiado la realidad de un instante a otro, aunque en muchas ocasiones hay evidentes alteraciones en el flujo del tiempo (más despacio o rápido según el caso). Curiosamente estos aspectos inciden en la idea de un estado alterado en la mente de los testigos que suelen llevar asociados estas anomalías.


¿ESTAN LOS OVNIS INCRUSTADOS EN NUESTRA REALIDAD?

La teoría de la Distorsión no ofrece respuestas al uso ni explicaciones cómodas al fenómeno OVNI, de esas que suelen resultar más atractivas al público porque encajan a la perfección con lo que esperamos oír sobre la existencia civilizaciones extraterrestres o seres de otras dimensiones.

Al contrario, este planteamiento nos obliga a aceptar que las manifestaciones ufológicas no encajan en categorías simples, ni es únicamente físico, ni exclusivamente mental, ni totalmente objetivo, ni puramente subjetivo. Quizá por eso genera rechazo. Porque cuestiona nuestras ideas sobre la realidad, la percepción y el papel del ser humano como observador no pasivo ante estas manifestaciones. Es indiscutible a estas alturas que el fenómeno tiene un alto componente parapsíquico que resulta incomprensible y que no hemos sido capaces de verificar mediante el método científico convencional. Resulta especialmente significativo que un gran número de testigos relaten de manera reiterada que las manifestaciones parecen anticiparse a sus pensamientos o incluso responder a ellos. Este conjunto de testimonios refuerza la idea de una conexión profunda entre mente y fenómeno, donde el psiquismo humano y la realidad externa no actúan como compartimentos estancos, sino que se entrelazan de manera asombrosa.

Tal vez el verdadero reto al que nos enfrentamos no sea tanto descubrir qué es exactamente el fenómeno OVNI, sino comprender hasta qué punto sus incursiones influyen y dejan huellas en nuestra conciencia.

En los tiempos que corren, las experiencias visionarias suelen mirarse con escepticismo, casi como algo ajeno a la realidad empírica y más propio de épocas de superstición regidas por creencias sobrenaturales o religiosas. Sin embargo, si hay algo que parece claro es que, desde hace siglos, el ser humano ha sido capaz de entrar en contacto con porciones del universo que parecen poseer algún tipo de inteligencia, como si intentaran transmitir un mensaje o propiciar una transformación, una ampliación o mejora de nuestra propia conciencia. Hay esta la clave, mucho más que perder el tiempo en la hipnótica escenografía de estas manifestaciones, que puede ser que no tenga otro objetivo que hacer “digerible” esta nueva arrolladora realidad.

 



JOSE ANTONIO CARAV@CA


Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.



jueves, 25 de diciembre de 2025

ENCUENTROS CERCANOS CON OVNIS: ¿EXISTE REALMENTE UNA VINCULACIÓN PSIQUICA CON EL FENÓMENO?


 



A estas alturas tengo claro que hablar de OVNIs no es lo mismo que hablar de platillos volantes. Aunque en el imaginario colectivo ambos términos se superponen, y son prácticamente lo mismo, conviene marcar una diferencia esencial desde mi punto de vista. Los OVNIs —objetos voladores no identificados— constituyen, como indican sus propias siglas, una categoría muy amplia y ambigua de cosas, que abarca desde fenómenos meteorológicos, globos, malas interpretaciones, hasta tecnología desconocida. En cambio, los platillos volantes, especialmente su categoría de los llamados “encuentros cercanos”, o sea los casos a dos palmos de las manifestaciones, implican una serie de eventos de alta extrañeza, que es imposible asociar estas experiencias a algo convencional. Lo visualizado en estas crónicas excede por completo el rango de lo conocido en el mundo normal.

Aunque lo más desconcertante, sin embargo, no es solo la forma nada usual o comportamiento desconcertante del fenómeno, sino la aparente relación que mantiene con la psique del observador. Como si ambos estuvieran conectados por un hilo invisible.

Desde los inicios de la investigación ufológica moderna se ha documentado una sospechosa sincronía entre el fenómeno y el testigo. El primer aspecto anotado fue que algunos platillos volantes parecían anticiparse a las acciones humanas, leer pensamientos, e incluso inducir a las personas a estar en el lugar y momento exactos del encuentro, controlando por completo su voluntad.

Este inquietante patrón no se limita a la ufología. Aparece también en otras experiencias extraordinarias a lo largo de la historia: visiones marianas, apariciones místicas, encuentros con seres de la tradición popular o fenómenos forteanos, lo que refuerza la idea de que estamos ante un mismo fenómeno que se filtra de diferentes formas debido precisamente a esa conexión mental. La percepción de los observadores parece estar influencia por su propio contenido inconsciente haciendo que la escenografía sea altamente mutable y que se asocie a determinadas creencias o épocas. Como si las manifestaciones se personalizaran en cada ocasión en función de su conjunción con los observadores y el material psíquico puesto en juego. Se podría hablar de una experiencia liminal, en el sentido en que la conciencia del testigo se desplaza de su estado ordinario y entra en una zona ambigua, a medio camino entre lo real, lo simbólico y lo trascendente

Pero podemos seguir buceando en la literatura ufológica en busca de más pistas de esta intromisión psíquica del fenómeno. Numerosos testigos han relatado que los denominados ufonautas se comunican mediante telepatía, o en algunos casos, a través de formas de transmisión de carácter no verbal. Este detalle, aunque frecuentemente citado con una naturalidad pasmosa por los ufólogos, encierra una complejidad notable que rara vez se aborda en profundidad. La posibilidad de establecer una comunicación telepática fluida no es, en absoluto, un proceso sencillo o directo. Para transmitir información mental de forma precisa, sería necesario un conocimiento detallado del funcionamiento neuropsicológico del receptor: desde las frecuencias cerebrales en las que opera la conciencia humana, hasta la estructura simbólica, lingüística y cultural que configura su pensamiento. No basta con “enviar un mensaje mental”; ese mensaje debe codificarse en un lenguaje comprensible, atravesar posibles filtros emocionales o cognitivos, y ser decodificado por el cerebro del testigo en términos coherentes. Esto plantea interrogantes de enorme calado: ¿quién —o qué— posee tal nivel de conocimiento sobre la mente humana como para comunicarse con ella? ¿Y por qué esa comunicación se da en términos que parecen adaptarse a la comprensión del testigo, a veces incluso recurriendo a símbolos arquetípicos o culturales específicos? ¿Acaso el fenómeno está emparentado con nuestra conciencia de alguna manera?

Pero hay más.

Otro dato interesante para nuestro estudio es que muchos testigos tienen la sensación de que la presencia de estas manifestaciones, independientemente de su contexto o etiqueta sobrenatural, inducen profundos y diversos estados alterados de conciencia. Son innumerables los incidentes donde los observadores parecen caer en una especie de trance, sopor, o en un estado de percepción no habitual que parece incitado por el fenómeno. Los estudiosos han reportado la existencia de una especie de "campana de silencio", una burbuja donde el mundo exterior parece quedar suspendido. Un silencio absoluto envuelve el entorno, y da la impresión de que incluso las personas cercanas han desaparecido sin dejar rastro. Y es que este es uno de los aspectos más frecuentes en los informes de encuentros cercanos. Infinidad de testigos relatan que han sufrido una alteración espacio temporal durante su experiencia que se deriva en lapsos perdidos, tiempo que se acelera o se detiene o eventos que ocurren “fuera del tiempo”. Los diferentes estudiosos explican este curioso fenómeno desde dos perspectivas fundamentales: o bien la manifestación altera el continuo espacio-temporal, o bien la conciencia del testigo entra en un estado no ordinario que el tiempo deja de percibirse linealmente, como ocurre en sueños, en hipnosis o, incluso en experiencias místicas. Esto refuerza la hipótesis de que el fenómeno no sólo ocurre "fuera", en el cielo o en el campo frente a los ojos de los observadores, sino que tiene una desconcertante dimensión psíquica.

Otro aspecto fascinante es la versatilidad del fenómeno. Las descripciones de las naves y sus ocupantes varían drásticamente entre testigos, incluso en casos geográficamente cercanos o contemporáneos. No hay una tipología estable ni coherente. La estética parece adaptarse a la mente del testigo, como si el fenómeno se moldeara en tiempo real según el bagaje cultural, psicológico o simbólico de cada persona. Esta plasticidad sugiere que no estamos ante una tecnología objetiva y externa, sino ante una experiencia inmersiva que incluye un componente proyectivo: lo que se ve es, en parte, lo que se espera, teme o imagina cada individuo. Este hecho refuerza sin duda la conexión entre mente y fenómeno.

Esto sugiere un mecanismo de control mental que pone en entredicho la naturaleza misma del fenómeno como un ente totalmente ajeno e independiente a los testigos. ¿Estamos hablando de tecnología avanzada o de una manifestación cuyo canal de comunicación principal es la mente humana?

Pero sin duda, uno de los aspectos más singulares y menos abordados es la interrupción abrupta del contacto, y que vincula directamente las experiencias ufológicas con otras manifestaciones anómalas, como las apariciones marianas o los encuentros con entidades y seres sobrenaturales a lo largo de la historia, es la posibilidad de interrumpir el contacto de forma súbita y unilateral. Diversos testimonios coinciden en que la manifestación puede desaparecer bruscamente, como se si apagara un televisor, si el testigo comienza a recitar plegarias, mantras, oraciones, conjuros o simplemente demuestra una fuerte voluntad de ruptura. Este detalle es clave, ya que sugiere que lo observado en estas experiencias se manifiesta a través de la mente humana y solo permanece mientras exista una comunicación continua y sin interrupciones. Curiosamente las antiguas narraciones de apariciones sobrenaturales: desde la Santa Compaña hasta entidades demoníacas o criaturas fantásticas, relatan que el ser humano podía invocar símbolos religiosos o mágicos para defenderse o interrumpir la visión.

 

Vista desde esta perspectiva, los crónicas de encuentros cercanos con platillos volantes abren la puerta a otro tipo de hipótesis, alejadas de la idea de simples incursiones aéreas de origen alienígena. Estos episodios parecen estar profundamente ligados a la percepción, la conciencia y a la compleja relación entre el observador y este fenómeno ancestral. La ausencia de tipologías fijas, junto con la aparente capacidad de las manifestaciones para interferir directamente con la mente del testigo, sugiere que no estamos ante unas escenografías meramente físicas, sino ante una experiencia psíquica profunda e inmersiva, que adopta la apariencia de un suceso externo tal vez como una forma simbólica de comunicarse o de reflejar aspectos ocultos de la psique individual o colectiva. Si logramos seguir ese hilo invisible que nos conecta al fenómeno es probable que hallemos algunos respuestas.

En este sentido lo que se manifiesta en estos encuentros extraordinarios podría entenderse como una distorsión cultural cargada de simbolismo, una especie de espejo de feria donde convergen mitos, creencias y percepciones colectivas. Más allá de revelar aspectos de un fenómeno aún indefinido, estas experiencias parecen servir como lienzos en blancos para proyectar hacia el exterior capas profundas de la conciencia humana. Es como si, en determinados estados de percepción, la psique en conjunción con este fenómeno encontrara una vía para comunicarse con el exterior, desafiando nuestras categorías habituales de lo real.

 



JOSE ANTONIO CARAV@CA


Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



martes, 2 de diciembre de 2025

LA DISTORSION, EL INCONSCIENTE COLECTIVO Y EL AGENTE EXTERNO COMO MOTORES DE LAS EXPERIENCIAS EXTRAORDINARIAS

 



¿Podría un agente externo desconocido utilizar una conexión psíquica con los testigos para manifestarse en nuestra realidad fusionando lo personal y lo universal en una experiencia que varía según cada perceptor?

La respuesta a esta pregunta podría acercarnos a una comprensión más profunda de los fenómenos forteanos y ufológicos y, por supuesto, lo más interesante a un mejor entendimiento de nuestra propia conciencia, como quizás el canal imprescindible para interpretar estas señales y navegar a través de ellas.

Lo primero que habría que dilucidar  es si nuestra psique es un artefacto aislado, si trabaja sola para interpretar la realidad que la rodea, o si por el contrario está abierta a utilizar herramientas externas que permitan actualizar o expandir su antena decodificadora. Hace décadas el genial psicoanalista Carl Jung introdujo un interesante elemento en el debate sobre las visiones extraordinarias que ayudaba a comprender ciertos aspectos. Me refiero al inconsciente colectivo, sin duda una de las propuestas más fascinantes del psicólogo suizo Carl Gustav Jung. El concepto del inconsciente colectivo, tal como lo formuló Jung ha sido tradicionalmente entendido como un depósito de arquetipos y experiencias comunes para toda la especie humana. Los arquetipos son imágenes, ideas o símbolos que están presentes en las mentes de todos los seres humanos, independientemente de la época o el lugar en el que hayan vivido. Por esa cuestión, mitos, creencias o leyendas muy similares pueden aparecer en culturas que nunca tuvieron contacto entre sí. Algo así como un depósito intangible que cualquier ser humano puede “sintonizar” bajo determinadas circunstancias. Incluso Jung otorgaba cierta independencia, inteligencia o resortes automáticos a este gran ente para actuar en beneficio de la humanidad llegado el caso de un extremado stress social. Jung sostenía que el inconsciente colectivo era un sistema de emergencia que se activaba para equilibrar situaciones límites como un docto terapeuta. Es como si este inconmensurable campo psíquico tuviera la capacidad de intervenir y recordarnos quiénes somos, reconectándonos con esas verdades profundas que han acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos. Sin embargo, considero que esta visión del inconsciente no debería interpretarse literalmente como un "banco de datos" o un "archivo etéreo" accesible desde el exterior o hackeable por una fuente externa, sino más bien como una enorme red, una especie de resonancia psíquica compartida entre los seres humanos mediante un vínculo aún indeterminado, lo que permite que ciertos arquetipos e ideas emerjan de manera natural a través de las personas, sin intervención directa. 

En mi propuesta teórica, sostengo que los fenómenos anómalos, como los encuentros cercanos con OVNIs, la apariciones marianas o las visiones  paranormales, no son únicamente externas ni puramente internas. En cambio, estas manifestaciones surgen de una interacción compleja entre un agente externo desconocido y el psiquismo individual del testigo en un intento, de este último, por decodificar una nueva realidad que se abre paso de forma inesperada y asombrosa ante nuestros sentidos. Este agente utiliza los contenidos mentales de la persona, es decir, sus creencias, símbolos y arquetipos, para construir la estética de lo observado, pero lo hace de manera distorsionada. En otras palabras, lo que el testigo percibe es una versión alterada o transformada de la información que reside en su propio inconsciente, lo que da lugar a una manifestación única y personalizada del fenómeno, pero que evidentemente tienen rasgos socioculturales y patrones perfectamente reconocibles insertados en la escenografía, tanto en lo visual como en lo narrativo. En todo punto podríamos considerar esta intromisión como una “arquitectura psíquica” capaz de, no solo interferir de diversas maneras con el organismo humano, sino incluso interactuar con la materia del entorno, o producir efectos cuantificables en ocasiones análogos a los de los objetos físicos. En este contexto, considero que ese denominado agente externo no accede al inconsciente colectivo como si fuera una base de datos concreta y organizada que consulta como un libro abierto, sino que interactúa con el psiquismo individual de una manera que permite sintonizarse con esa posible resonancia psíquica compartida. En lugar de extraer información de forma directa del inconsciente colectivo, este agente externo manipula o se hace visible a través de ese bagaje personal del testigo, aprovechando su capacidad para conectar con los arquetipos universales que están presentes en ese vasto campo psíquico que es el inconsciente colectivo. De esta forma, la experiencia resultante, sobre todo a nivel estético, es fruto de una compleja combinación entre lo personal y lo colectivo, filtrada y modulada en últimas instancias por la psique humana. Por lo que deberíamos de olvidar que el fenómeno tenga una voluntad de ocultar o camuflar su apariencia mediante estas interfases con la mente de los testigos. Además, creo que la cantidad y calidad de información accesible y utilizable, más allá de lo superfluo de la cascara que envuelve estos mensajes, o sea la escenografía extraterrestre o mariana, por ejemplo, depende del "terminal", es decir, la persona misma. Cada individuo tiene una capacidad única, no solo para sintonizar con los arquetipos del inconsciente colectivo, sino para manejar lo imaginal en el proceso de construcción cognitiva. No todos los testigos son capaces de interactuar de la misma forma con el agente externo. Lo que implicaría que no todos los sujetos enfrentados estas manifestaciones experimentan el fenómeno de la misma manera. En algunos casos, ciertos testigos parecen estar más predispuestos a acceder a experiencias más complejas e intensas debido a su mayor sensibilidad o resonancia con este inconsciente colectivo. Es muy probable que este agente externo cuando irrumpe en nuestra realidad trabaje en la misma frecuencia que nuestra psique, produciendo algún tipo de interferencia o comunicación extrema dependiendo del grado de interacción con los testigos. Esto explicaría por qué algunas personas tienen experiencias mucho más detalladas o impactantes que otras, lo cual depende de su grado de conexión con esta nueva realidad expandida arrastrada por el agente externo hasta nuestro mundo ordinario.

En resumen, considero que el inconsciente colectivo no es un espacio accesible de forma directa, ni una biblioteca mental al uso, sino más bien un vínculo psíquico compartido que emerge naturalmente a través de los individuos. El agente externo no actúa como un hacker que roba información del inconsciente colectivo, sino que interactúa con el psiquismo del testigo, provocando una resonancia con los arquetipos y símbolos universales, lo que facilita la creación de determinados estereotipos del mundo sobrenatural, religioso, forteano o ufológico. Esta interacción genera una distorsión que transforma la experiencia en algo único y personal cargado con factores socioculturales. La intensidad y el carácter de esta experiencia dependen en gran medida de la capacidad del individuo para sintonizarse con el agente externo. Esta reinterpretación de las manifestaciones anómalas aporta una nueva dimensión a la Teoría de la Distorsión, abriendo la posibilidad de que el agente externo utilice nuestra conexión psíquica con el inconsciente colectivo para manifestarse de formas que combinan lo personal y lo universal en una experiencia arrebatadora para los sentidos. Este enfoque plantea interrogantes profundos sobre la naturaleza de los fenómenos anómalos y la estructura de la mente humana, lo que no lleva a una exploración más profunda de las conexiones entre el inconsciente colectivo, el agente externo y estas manifestaciones que tanto han intrigado al ser humano desde los albores de la historia.





JOSE ANTONIO CARAV@CA


Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.