miércoles, 25 de febrero de 2026

ABDUCCIONES: LA PARADOJA DE LA CAMISETA

 




SECUESTROS ALIENÍGENAS, CLANDESTINIDAD Y EL PEQUEÑO DETALLE AL QUE NADIE DA IMPORTANCIA

Durante varias décadas, el fenómeno de las presuntas abducciones por extraterrestres ha generado un considerable y encendido debate en la comunidad ufológica internacional que aún perdura en nuestros días. Los casi siempre terroríficos relatos varían en matices, pero hay elementos que se repiten con insistencia casi quirúrgica, y nunca mejor dicho: luces inexplicables en el cielo, parálisis del sueño, y una víctima que es traslada a una nave espacial, donde se les somete a diversas exploraciones médicas sin su consentimiento.

Lo más inquietante es que los secuestradores no son humanos. Se les describe como seres pequeños y extremadamente delgados, casi esqueléticos, con una cabeza desproporcionada que parece pesar más que el resto del cuerpo. En el centro del rostro predominan dos ojos negros, almendrados e inmensos, tan grandes que casi anulan cualquier otro rasgo facial. La piel, de un gris apagado, les da una apariencia espectral. Sus brazos son largos, terminando en dedos finísimos.

Para la mayoría de los ufólogos, estos relatos constituyen una evidencia de la posible intromisión de una civilización extraterrestre en nuestro planeta que estaría llevando a cabo labores de observación y estudio sistemático de la raza humana. Desde esta perspectiva, tales experiencias no serían hechos aislados o fruto de la imaginación, sino parte de un programa más amplio y organizado, cuyo propósito podría estar relacionado con el análisis biológico, psicológico o cultural de nuestra especie. Según esta interpretación, los presuntos visitantes actuarían como observadores, interesados en comprender la evolución, el comportamiento y las características de la humanidad o incluso en obtener una raza hibrida entre ambas especies.

Pero ¿es esto posible? ¿estamos siendo victimas de una manipulación genética por parte de entidades de otros mundos?

Evidentemente la cosa no podía ser tan simple…

 

Quirófanos intergalácticos pero… sorprendentemente humanos

Lo primero que llama la atención de los testimonios de cientos de abducidos es que describen que son explorados y casi torturados en camillas, con correas de sujeción muy parecidas a las nuestras. Además para el estudio médico, los presuntos extraterrestres utilizan utensilios que recuerdan a bisturíes, sondas, jeringuillas y demás herramientas humanas. En la habitación suele haber una potente luz cenital dirigida al cuerpo del asustado terrícola. Es decir, estamos frente a una tecnología avanzada que te saca a través de las ventanas y paredes de tu casa, a espaldas de todo el vecindario sin problemas… pero la escenografía del interior del platillo volantes es inquietantemente terrestre. Incluso se podría decir que es cutre.

Si estos seres proceden de una civilización que ha cruzado distancias ciclópeas en el inmenso espacio exterior, ¿por qué sus procedimientos médicos evocan el instrumental de un hospital comarcal y son tan toscos y traumáticos? La escena parece cualquier cosa menos un laboratorio avanzado  de Alfa Centauri.

Para resolver esta difícil papeleta, algunos investigadores han llegado a plantear que la evolución biológica de estos seres habría sido casi paralela a la humana. Cabeza para alojar un cerebro grande, dos ojos frontales, extremidades manipuladoras… Además de una evolución tecnológica similar…

Somos casi hermanos de las estrellas.

Pero esa no es la paradoja más llamativa que encontramos en esta trama.

El secreto peor guardado del universo

Según el decálogo de las abducciones, los extraterrestres borrarían los recuerdos de las víctimas para mantener el carácter secreto de sus operaciones y evitar una alarma innecesaria en la población. Sin embargo los ufólogos pueden romper ese bloqueo con una simple hipnosis y recuperar el tiempo perdido sin muchos inconvenientes. De este modo, es como si hubieran tenido acceso directo a los planes de los alienígenas, llegando a conocer con todo detalle sus supuestas intenciones e incluso algunos de sus objetivos específicos.

Tal es el supuesto dominio de la información que manejan los investigadores, que el rostro del extraterrestre gris ha terminado por convertirse en un auténtico icono de la cultura popular. Su imagen, repetida hasta la saciedad, resulta tan familiar que casi parece formar parte de nuestro propio imaginario colectivo. No sería extraño que, de seguir entre nosotros, Andy Warhol lo hubiera incorporado a su galería de celebridades, colocándolo junto a sus famosas latas de sopa Campbell. Hoy tenemos; camisetas, gorras, tazas, pósters, películas, documentales, revistas, cómics, muñecos, llaveros, e incluso calcetines y pijamas infantiles basados en los grises. Nada escapa al poder del merchandising para explotar la imagen de los extraterrestres. Tal es la popularidad que aunque alguien en cualquier rincón del planeta no sepa nada sobre ovnis, sabe reconocer inmediatamente que esa cara, con esos ojos enormes, es un alienígena.

La imagen del captor extraterrestre clandestino es hoy tan conocido, como Mickey Mouse o la Coca Cola.

Y voilá, aquí aparece el detalle que rara vez se menciona y que puede hacer volar nuestra cabeza en mil pedazos. Si la misión extraterrestre exige secreto absoluto, ¿cómo es que su rostro se ha convertido en uno de los más populares del planeta? De nuevo los ufólogos más optimistas, que siempre ven el vaso medio lleno, aunque sean dos gotas, aseguran que esto es una estudiada labor de concienciación mundial para arraigar la creencia en seres de otros mundos…

Esto no suena bien.

Recapitulemos.

La paradoja

Una avanzadilla extraterrestre cumple una importante misión por mandato de sus superiores, un estudio concienzudo de la raza humana. Para ello, ejecutan discretas operaciones nocturnas, seleccionando especímenes de lo más variado y aplicando rigurosos protocolos de seguridad, control y, por supuesto, el imprescindible borrado de memoria posterior, garantía absoluta de confidencialidad. Porque, como es evidente, los alienígenas no desean llamar la atención… o al menos no más de lo estrictamente necesario para alimentar vagamente libros, documentales y conferencias.

Podemos imaginar que en mitad de una de estas intervenciones, los operarios de turno esa noche en el platillo volante secuestran a un tipo que dormía a pierna suelta en su cama. Todo transcurre con normalidad. Lo depositan sobre la camilla como si fuera una pluma.

Proceden a iniciar el análisis.

Y entonces lo ven.

No. No lleva un espejo en el pecho.

El humano lleva puesta una camiseta con la cara de sus captores.

El silencio en la nave debe de ser notable.

¿Qué pensarían esos supuestos doctores cósmicos? ¿Se ríen, lloran o muestran sorpresa? ¿Piensan en esa cabezota tan grande que su misión ha sido descubierta? ¿O por el contrario sospechan que existe una filtración interna? ¿Un chivato? ¿Que la especie humana tiene acceso a información que no debería poseer? O, peor, ¿se enfadarían terriblemente al comprobar que son parte de un fenómeno cultural terrestre, y están siendo explotados, al menos su imagen, y no reciben ni un céntimo a cambio?…

¿Nos demandarían o aumentarían el tamaño de las sondas que nos colocan por cierta parte del cuerpo?

La paradoja del abuelo… versión camiseta

En física teórica se plantea la conocida paradoja del viaje en el tiempo: si alguien regresara al pasado y asesinara a su propio abuelo antes de que naciera su padre o su madre, estaría impidiendo su propio nacimiento y, por tanto, anulando el viaje que hizo posible ese crimen. El resultado sería un cortocircuito lógico en la línea temporal que podría colapsar el universo. Salvando las distancias, aquí podríamos estar, no ante la destrucción del mundo que conocemos, pero si ante algo paradójico…

Volvamos a la escena anterior cuando el extraterrestre clava su mirada penetrante en los ojos desdibujados por los lavados de la camiseta que porta el secuestrado.

¿Se produciría un colapso mental en la nave? Probablemente no. Pero de lo que hay duda es que se produce un socavón importante en la narrativa del fenómeno de los abducidos. Si los secuestros es un hecho secreto ¿cómo hemos llegado a conocer con tanta precisión la morfología de los presuntos captores?

Por tanto hay algo que no encaja en esta historia de los abducidos… ¿O sí?




JOSE ANTONIO CARAV@CA

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