viernes, 23 de enero de 2026

JACQUES VALLÉE, LA IA EXTRATERRESTRE Y LA FRACTURA DE SU SISTEMA DE CONTROL

 




En la reciente rueda de prensa celebrada en Washington y organizada por James Fox, dedicada al controvertido caso de Varginha, muchos asistentes quedaron sorprendidos al ver un vídeo del investigador Jacques Vallée en el que exponía una interpretación del fenómeno OVNI sensiblemente alejada de su postura clásica asociada al llamado Sistema de Control y acercándose a la hipótesis extraterrestre (HET). En dicha intervención, Vallée afirmó que el fenómeno:«parece ser un fenómeno extraterrestre potenciado por una inteligencia artificial avanzada».

Esta declaración choca casi frontalmente con décadas de una defensa férrea de la idea de que estas manifestaciones poco o nada tenían que ver con visitas extraterrestres en sentido clásico, pese a que en algunas ocasiones dejaba la puerta abierta a la idea de una “tecnología alienígena”, aunque sin entrar mucho en materia. En su libro Forbidden Science: Journals, 1957-1969 (1992) decía ya que: «Mi propia especulación es que los ovnis operan en una realidad multidimensional de la que el espacio-tiempo es un subconjunto. En ese sentido, no rechazo por completo la idea de un origen extraterrestre: pero creo que la forma de inteligencia que el fenómeno representa podría coexistir con nosotros en la Tierra con la misma facilidad que podría originarse en otro planeta de nuestro universo, o en un universo paralelo».

Aunque previamente, Vallée llegó a publicar en 1990 el artículo Five Arguments Against the Extraterrestrial Origin of Unidentified Flying Objects, donde sostenía que tanto el elevadísimo número de aterrizajes OVNI como la sospechosa antropomorfización de los supuestos ocupantes invalidaban por completo la Hipótesis Extraterrestre como explicación del fenómeno ufológico. Precisamente por ello, sus palabras han causado una notable extrañeza.

Con el objetivo de profundizar en esta aparente punto de roptura, el investigador Joe Murgia decidió interpelar directamente a Vallée por correo electrónico: «Hoy, durante la conferencia de prensa sobre Varginha organizada por James Fox, dijiste que el fenómeno: “parece ser un fenómeno extraterrestre potenciado por una inteligencia artificial avanzada”. ¿Se trata de un cambio en tu opinión sobre el origen del fenómeno? Porque, a lo largo de los años, has hablado de otras realidades y dimensiones y te has inclinado a alejarte de la Hipótesis Extraterrestre (ETH). Busco una aclaración que pueda publicar en Twitter/X.»

La respuesta de Vallée no se hizo esperar: «No creo que esas ideas sean mutuamente excluyentes. Hemos empezado a utilizar la IA de forma bastante activa, y debemos esperar que otras especies también lo hagan —y mejor que nosotros. Para mí, las criaturas vistas en Trinity, Socorro y Valensole, y ahora reveladas con bastante claridad en Varginha, podrían ser “robots” biológicos artificiales, diseñados para soportar nuestra gravedad, respirar nuestro aire y parecer lo suficientemente “humanoides” como para interactuar con nosotros —o simplemente para aprender sobre nosotros. Cuando hablaba de esto con Bill Powers alrededor de 1966, justo después de Socorro, él bromeó medio en serio diciendo que podrían ser “máquinas de observación”. Eso podría significar que cualquier proyecto secreto diseñado para estudiar su biología, aunque extremadamente interesante, no nos enseñará nada sobre el origen de los ovnis, cuyos verdaderos controladores están en otro lugar y han evolucionado como nosotros. He llegado a creer que hay al menos dos niveles involucrados».

Sin embargo, lejos de clarificar definitivamente su postura, estas explicaciones parecen añadir un nuevo nivel de confusión a sus últimas declaraciones ambiguas, incluido el libro Trinity (2024) donde coqueteaba más abiertamente que nunca con la HET. La introducción de conceptos como “robots biológicos artificiales”, “inteligencias artificiales extraterrestres” u “otras especies” entra en clara colisión con la línea argumental que Vallée ha sostenido durante décadas bajo el marco del Sistema de Control. En su libro Confrontaciones (2022) escribía: «Como alternativa a la HET, propongo considerar el fenómeno ovni como una manifestación física de una forma de conciencia que es ajena a los humanos, pero que es capaz de coexistir con nosotros en la Tierra [...] El fenómeno ovni no puede ser compartimentado. Es un fenómeno holístico que conecta con todo aspecto del conocimiento humano, desde el folklore hasta la astrofísica, desde la etnología hasta la física cuántica, desde la física de partículas hasta la parapsicología». Vallée argumentaba que: «El fenómeno ovni existe. Ha estado presente a lo largo de toda nuestra historia. Es de naturaleza física y la ciencia actual no es capaz de explicarlo. Corresponde a un nivel de conciencia que nosotros no hemos alcanzado todavía, es capaz de manipular las dimensiones temporales y espaciales que conocemos y afecta nuestro propio nivel de conciencia de una manera incomprensible, comportándose globalmente como lo haría un sistema de control (Vallee.1992)».

Aunque él insiste en que estas ideas no son excluyentes, el propio reconocimiento de “dos niveles” y la existencia de “verdaderos controladores” situados en otro plano sugiere, de facto, una suerte de hipótesis extraterrestre de segundo grado. En última instancia, Vallée parece estar admitiendo de forma implícita, en los últimos tiempos, la existencia de un componente alienígena en el fenómeno, un extremo del que, como hemos visto, nunca se desvinculó por completo, al tiempo que intenta preservar, mediante sutiles equilibrios conceptuales, la coherencia de un imponente edificio teórico levantado a lo largo de más de seis décadas precisamente sobre la exclusión de esa posibilidad.




JOSE ANTONIO CARAV@CA


Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.



 

jueves, 22 de enero de 2026

EL MISTERIO OVNI: ¿INTELIGENCIAS EXTERNAS… O ALGO MÁS COMPLEJO?

 







Durante décadas, el fenómeno OVNI ha ocupado un lugar privilegiado en el imaginario colectivo suscitando todo tipo de interrogantes y debates sobre su naturaleza y objetivos. Desde luces imposibles en el cielo hasta encuentros cercanos con supuestos astronautas de otros mundos, el asunto ha alimentado libros, documentales y discusiones interminables, sin que hasta el momento hayamos sido capaces de resolver la ecuación.

Sin embargo, si observamos el panorama con cierta perspectiva, hay un dato que llama poderosamente la atención ya que en las últimas 4 décadas, los encuentros cercanos, los eventos más desconcertantes de estas manifestaciones, y los que ofrecían más detalles y mayor proximidad han disminuido de una forma drástica.

No es que el fenómeno haya desaparecido del todo, pero sí parece haberse diluido en intensidad y en calidad de información y reservarse solo para avistamientos lejanos, y bajo unos parámetros que parecen muy alejados de aquella grandilocuencia que fascinaba a propios y extraños cuando los objetos se revestían de una alta extrañeza que nada tiene que ver con las luces o artefactos descritos en la actualidad.

Y tras muchos años de incertidumbres y confusión, podemos preguntarnos ¿Por qué no hay coherencia en sus manifestaciones?

Porque si algo ha demostrado el fenómeno ovni es que es sencillamente aleatorio y caótico en sus presentaciones, tanto en lo que se ve como en lo que supuestamente comunican los “visitantes”. Miles de informes de encuentros cercanos acumulados durante más de medio siglo no dibujan un patrón claro. Al contrario, nos muestran un mosaico caótico de descripciones, comportamientos y experiencias que no encajan entre sí, más allá de su esqueleto básico. No existe la repetición ni la coherencia.

Unos hablan de seres altos y luminosos, otros de criaturas monstruosas, otros de humanos “perfectos”. Algunos encuentros son pacíficos, otros traumáticos y muchos apáticos o sin sentido. Unos incluyen mensajes espirituales, otros amenazas veladas y una gran mayoría un baturrillo de absurdeces. Nada se repite de forma consistente. Y eso es crucial.

Si estuviéramos ante una inteligencia sistematizada, tecnológica y avanzada, como se supone que sería una civilización extraterrestre, lo lógico sería esperar cierto orden, un método reconocible, una estrategia coherente. En síntesis ciertos patrones lógicos. Y aunque no entendiéramos sus mensajes o intenciones, por ese salto cognitivo entre  especies muy diferentes, por lo menos a nivel observacional si deberíamos encontrar cierta uniformidad si se tratara de un fenómeno puramente físico.

Pero lo que registramos es justo lo contrario, ya que tenemos un modus operandi anárquico, sin control aparente, sin continuidad y sin una lógica clara.

Esto nos obliga a replantearnos muchas teorías expuestas para explicar estas experiencias. Las que hablan de extraterrestres, viajeros del tiempo, seres intraterrestres, entidades extradimensionales e inteligencias artificiales alienígenas tienen que enfrentarse a una realidad incuestionable el fenómeno no se comporta como algo estructurado. Ni siquiera como algo que está ahí afuera esperando a presentarse.

Entonces, ¿qué es lo que está ocurriendo?

Cada vez más investigadores sugieren que el fenómeno ovni podría estar interactuando con la mente humana de una forma mucho más profunda de lo que creemos. Pero no limitado a lo “psíquico”, sino afectando también a la realidad física. Como si hubiera una conexión secreta entre conciencia, entorno y fenómeno que todavía no somos capaces de explicar.

No se trataría simplemente de “ver naves” o “seres”, sino de potentes experiencias visionarias complejas donde la percepción, lo mental y lo físico se mezclan y entrelazan de formas impensables. Sin duda estamos ante incidentes reales, físicos y externos al ser humanos, pero no necesariamente explicables con los modelos clásicos basados en el concepto visitantes espaciales y tecnología de tuercas, tornillos y chips.

Tal vez el error ha sido querer encajar el fenómeno ovni dentro de esquemas demasiado rígidos de nuestra ciencia, que juzga que, o se trata de tecnología alienígena… o es imaginación. Y quizá la verdad se mueve en un terreno mucho más incómodo, más ambiguo y más difícil de clasificar.

Lo que parece cada vez más claro es que este fenómeno no debe traducirse, ni resolverse, con los mismos mecanismos capitales que hemos manejado hasta ahora. Porque si algo nos dicen décadas de testimonios es que no estamos enfrentados a una realidad física convencional cualquiera que sea su origen, sino ante un misterio que desafía por completo nuestra forma de entender la realidad, la mente y sus límites.

Y eso, lejos de cerrarlo, lo hace todavía más fascinante.

Creo que el fenómeno ovni influye en la mente de quienes lo observan. Por eso, es posible que la forma en que se manifiesta en muchos encuentros cercanos, lo que las personas dicen ver, no sea fija, sino el resultado de una interacción entre el fenómeno y la psique del testigo. No sería tanto que nuestra mente “interprete” o “traduzca” algo desconocido, sino que el propio fenómeno parece adaptarse o cambiar al estar en contacto con nosotros.

Como si aquello que se manifiesta no fuera una cosa fija, sino algo que responde, se adapta o se distorsiona en función del observador. Pero no estamos seguros si esta influencia sea un producto de una interacción encubierta provocada, o simplemente porque el fenómeno opera en una frecuencia afín a la de nuestra mente y ese acoplamiento es inevitable por su propia naturaleza.

Tal como lo concibo, la naturaleza del fenómeno podría ser informacional. No como una tecnología en el sentido habitual, sino como una especie de puente entre nuestra realidad y otra distinta. A través de ese puente no solo se muestra algo externo, sino que también se nos transmite información que puede cambiar cómo percibimos la realidad y, con el tiempo, nuestra forma de pensar y a más largo plazo nuestra conciencia.

Este tipo de comunicación podría verse como un intento de acercarse a nuestra forma de pensar o a nuestra cultura para que entendamos algo desconocido. Pero si atendemos a la casuística, el fenómeno no se comporta como un lenguaje organizado o estructurado. Al contrario todo parece fruto de un proceso aleatorio, lleno de variantes, casi anárquico. Y si existiera un “mensaje” claro, entre miles de experiencias habría mucha más coherencia.

Quizá no estemos ante excelsas civilizaciones alienígenas o vaporosas entidades de otras dimensiones, sino ante algo que actúa como un “sistema operativo” que, al interactuar con la conciencia humana, provoca “actualizaciones” psíquicas imprevisibles en sus usuarios.

Estas manifestaciones no nos explican cómo funciona el mundo, pero nos obligan a replantearnos quiénes somos y qué hay más allá de la realidad cotidiana…



JOSE ANTONIO CARAV@CA

Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.



jueves, 1 de enero de 2026

DISTORSIÓN: LOS TRES “ESTADOS” EN LOS QUE SE MANIFIESTA EL FENÓMENO OVNI


 



Uno de los grandes debates dentro del estudio del fenómeno OVNI gira en torno a una pregunta que, a simple vista, puede parecer sencilla: ¿estamos realmente ante un fenómeno físico? La respuesta parece no entrañar mucha dificultad, ya que solemos pensar que los OVNIS son objetos materiales. No obstante, al cotejar esta explicación con la casuística revela múltiples aristas que nos demuestra, una vez más, que en el asunto de los platillos volantes nada es lo que parece.

Durante décadas, la mayoría de los investigadores han defendido a capa y espada que los OVNIS son máquinas de “chapas y tornillos”, capaces de provocar diversos rastros sobre el terreno, producir efectos electromagnéticos, inducir alteraciones fisiológicas en los testigos o incluso dejar supuestos restos materiales tras su paso. Sin embargo, por otro lado, se ha comprobado que en muchas otras ocasiones, más de las que se quieren admitir, el fenómeno no parece tener una base física y comportarse como si fuera un fantasma del medievo. Y aquí es donde empiezan nuestros problemas para entender realmente a qué nos estamos enfrentando…


ENCUENTROS CERCANOS: CUANDO LA REALIDAD SE VUELVE EXTRAÑA

Es especialmente en los llamados Encuentros Cercanos con OVNIs, aquellos episodios de mayor proximidad con el fenómeno donde se dispara exponencialmente el factor de extrañeza asociadas a estas manifestaciones. En estos casos, los OVNIs y sus ocupantes parecen moverse en una zona ambigua, casi liminal, ya que a veces dejan pruebas físicas palpables y en otras ocasiones no dejan absolutamente nada tras su partida o desaparición. Aunque  lo más inquietante es que no hay diferencias que nos permitan separar los encuentros físicos de los que no lo son. Dos aterrizajes OVNIs aparentemente idénticos en todos sus detalles se comportan de forma antagónica sin razón aparente. En el Caso A, el terreno aparece calcinado, con aplastamiento de algunas zonas y con niveles de radiación; en el Caso B, a pesar de que el objeto aterrizó de la misma manera que en el anterior suceso y sobre un terreno idéntico, la hierba no está ni despeinada. Todo ello sugiere que la fisicalidad del fenómeno no se comporta de forma constante o usual, al menos no en los términos que nosotros entendemos normalmente. Si el fenómeno fuese puramente físico (una nave de metal de otro planeta), dejaría siempre huellas. Si fuese una construcción etérea, jamás quemaría el suelo. Pero la realidad es que ni una cosa ni la otra encajan plenamente en este modelo. Además, en numerosas ocasiones las huellas dejadas sobre el terreno resultan claramente inconsistentes con lo observado durante la experiencia, añadiendo aún más incertidumbre. Marcas demasiado superficiales para un objeto que aparentaba gran tamaño o peso, huellas incompletas, distribuciones irregulares o efectos físicos parciales sugieren que la manifestación no se comportó como lo haría cualquier objeto material convencional. Esta discordancia refuerza la idea de que, aun cuando el fenómeno es capaz de dejar evidencia material, y, por tanto, de ser considerado algo físico, dicha evidencia no sigue las reglas habituales de la interacción física normal, apuntando a una materialidad anómala, fluctuante o incompleta. Pero ¿a qué se debo esto?

Es en este punto es donde entra en juego la Teoría de la Distorsión, una propuesta que no niega la materialidad del fenómeno OVNI, pero sí cuestiona que esta sea constante, estable o comparable a la de cualquier otro objeto físico convencional (aunque es probable que algún tipo de "restos" puedan permanecer en el medio debido a la interacción). Por ello, la Distorsión se distancia de la interpretación clásica, la que sostiene la Hipótesis Extraterrestre, ya que no cree que esta fisicalidad del fenómeno deba ser entendida como una prueba indiscutible de que estamos en presencia de naves espaciales de origen alienígena. El matiz, que muchos prefieren no cuestionar, es que este hecho no debería llevarnos a dar un salto teórico tan concluyente y asumir que la única explicación posible sea la presencia de naves procedentes de otros mundos. Ese es un paso que la Distorsión no está dispuesta a dar.

Entonces, ¿cómo deberíamos analizar esta materialidad del fenómeno? ¿Es posible que exista otra lectura de este aspecto?

 

LOS 3 ESTADOS DE LA “MATERIA” DEL FENOMENO OVNI

Para comenzar, es necesario definir con precisión el comportamiento físico del fenómeno, contrastándolo con una amplia casuística y verificando si se ajusta a parámetros normales o si existe la posibilidad de explorar otras explicaciones. La teoría de la Distorsión plantea que las manifestaciones ufológicas, a tenor del escrutinio de numerosos incidentes, pueden presentarse ante los observadores en tres estados distintos, cada uno con rasgos propios que contribuyen a comprender su complejidad.

El primero es el ESTADO FÍSICO o material, en el que el fenómeno se comporta como un objeto tangible, capaz de dejar huellas en el terreno, aplastar la vegetación, afectar dispositivos electrónicos o provocar efectos fisiológicos en los testigos. Es el estado que más se ajusta a nuestra concepción habitual de lo real y material.

El segundo es el ESTADO NO-FÍSICO o intangible, que conviene aclarar que no es menos real ni menos nítido que la manifestación de forma física. Para los testigos, lo percibido es tan definido y aparentemente sólido que es indistinguible de la realidad objetiva; no aparece borroso ni parece el producto de una ensoñación. Sin embargo, carece de materia, por lo que no deja rastros físicos, aunque sigue estando presente “ahí afuera” e incluso interactuar con objetos del entorno, como si fuera consciente de lo que lo rodea. La inmaterialidad de la escena, nada acorde con lo esperado de visitantes de las estrellas, es lo que hace que muchos investigadores rechacen de plano este tipo de sucesos al considerarlos, en el mejor de los casos, como producto de la imaginación de los testigos. Además, este estado parece coincidir a la perfección con lo que diversas tradiciones describen como el mundo de lo imaginal, las experiencias chamánicas y los episodios visionarios documentados a lo largo de la historia, y que durante mucho tiempo no han sido tenidos en cuenta precisamente por considerarse simples productos de la mente. Sin embargo, en muchas de estas experiencias los protagonistas no solo afirmaban haber “visto” algo, sino haber interactuado con ello: dialogar con seres y entidades, tocar objetos, desplazarse por paisajes desconocidos o recibir información que percibían como externa a ellos mismos. Los protagonistas insistían en que la “visión” tenía una realidad incuestionable, a veces incluso más nítida y definida que la percepción cotidiana y que por supuesto ni eran ensoñaciones ni alucinaciones. En ciertos casos, el fenómeno provocaba efectos fisiológicos y psicológicos significativos en los testigos, además de dejar evidencias físicas de carácter altamente extraño.

Finalmente, existe un ESTADO INTERMEDIO, en el que el fenómeno combina características físicas con su naturaleza etérea y no material. En este caso, los registros sobre el terreno resultan extraños, incompletos o difusos: las huellas que deberían aparecer según lo observado por los testigos no siempre están todas o se encuentran de manera parcial o anómala.

La existencia de estos tres estados explica por qué el fenómeno puede ser percibido como tangible o intangible, sólido o etéreo, y por qué los efectos que hallamos sobre el entorno y los propios testigos son tan variados y, a veces, aparentemente contradictorios o sin lógica alguna. Siguiendo este marco teórico, tambien podríamos considerar la posibilidad de que el fenómeno no tendría por qué manifestarse en un único estado como estamos acostumbrados a registrar, sino que podría recorrer sucesivamente, o incluso simultáneamente, los tres estados descritos anteriormente: físico, no-físico e intermedio. Así, una misma experiencia podría comenzar con una presencia plenamente material que deja huellas o provoca efectos sobre el entorno, pasar después a una fase intangible en la que la manifestación sigue siendo percibida con absoluta nitidez pero ya no deja rastros físicos, y finalmente situarse en un estado híbrido en el que lo observado parece “a medio camino” entre ambos planos, generando evidencias parciales, anómalas o difíciles de interpretar. Esta naturaleza multifacética tambien explicaría por qué muchos testigos describen aparentes cambios en la estructura o comportamiento de la “escenografía” y los “actores”, como si perteneciera a un tipo diferente de realidad a la común. Además es muy probable que el fenómeno, por esa interacción intima con la psique de los testigos, sea capaz de alternar, de una forma que no logramos entender, el mundo interno y externo de manera casi sincrónica. Esto podría explicar la mezcla de sensaciones y percepciones extrañas que experimentan los observadores, ya que no se trataría ni de un evento puramente psíquico ni de uno estrictamente físico, sino algo de carácter intermedio, de una naturaleza que nos supera por completo.

Todo esto refuerza la idea de que no estamos ante un objeto convencional, sino ante un proceso dinámico cuya forma final depende tanto de su propia naturaleza como de la interacción que establece con la conciencia del observador.

Pero ¿Qué tan importante es la participación de los testigos?


¿LOS TESTIGOS ENLACES DEL FENÓMENO CON LA REALIDAD?

La Teoría de la Distorsión plantea que si analizamos la casuística ufológica comprobaremos que el único elemento que varía de un caso a otro es el testigo. Y si lo que se observa es tan cambiante en todos los aspectos, desde el visual al narrativo, incluso pasando por su forma de manifestarse sobre el medio en diversos estados, resultaría lógico pensar que estas diferencias no sean casuales. Por lo que es lógico deducir que esto puede deberse al modus operandi del fenómeno, o en su defecto a los efectos provocados por su interacción con los diferentes individuos. Y si la Distorsión ha determinado que el contenido visual de los encuentros cercano tiene mucho que ver con el inconsciente de los testigos, así como el comportamiento de la manifestación, no resulta arriesgado plantear que otros aspectos de estas apariciones dependan, o estén influenciadas o potenciadas por la implicación de los observadores.

Y por tanto, es factible que los testigos participen de alguna manera en la composición de la “materia” que finalmente presentará el fenómeno. ¿Y cómo se consigue esto? Es factible que la capacidad psíquica de los testigos, su estado emocional y el grado de interacción con lo manifestado pueden influir directamente en el estado en que se presenta el fenómeno ante sus ojos. Aunque no nos confundamos. No se trata de que los OVNIs y sus ocupantes sean creados por la mente humana, sino que, aunque el fenómeno posee una base propia, procedente de otra dimensión, de un estrato no perceptible de nuestra realidad o de un nivel de existencia diferente, su grado de manifestación física depende tambien en gran medida de la interacción con el observador. Es esa interacción, o el propio proceso que se establece entre ambas partes, la que permitiría que lo manifestado adquiera mayor o menor presencia en nuestro plano de realidad, como si pudiera ser “arrastrado” con distinta intensidad hacia nuestro lado.

En otras palabras, el fenómeno no se manifiesta de la misma manera en todos los encuentros; su consistencia material puede variar según la interacción con los testigos. Esto explicaría por qué algunos eventos parecen sólidos y dejan huellas, mientras que otros ocurren sin dejar ningún rastro, incluso en lugares habitados, pasando desapercibidos para otras personas que no forman parte de la experiencia del o los testigos. Y, lo más importante y desconcertante, todos los incidentes, independientemente de su estado, son indistinguibles entre sí salvo por su materialidad: no hay diferencias claras que permitan catalogarlas como “verdaderas” o “imaginarias”, ni se perciben más nítidas o difusas.

Tampoco puede descartarse que la capacidad del fenómeno para mantenerse como algo físicamente estable en nuestra realidad sea limitada en el tiempo, y que por ello necesite algún tipo de aporte energético para sostenerse. Dentro de esta hipótesis, es posible que la mente de los testigos podría actuar como esa fuente de energía, o puente, entre ambas realidades, ayudando a que la manifestación conserve una estabilidad. Incluso es posible que el propio fenómeno reduzca deliberadamente su nivel de materialidad, modificando su densidad cuando se manifiesta, para poder prolongarse en el tiempo sin consumirse con rapidez.


LA DESCONEXIÓN

Este modelo que esboza la Distorsión también ayuda a contextualizar dos aspectos recurrentes que encontramos incrustados en todo tipo de experiencias extraordinarias, paranormales, forteanas o sobrenaturales y cómo no, las ufológicas. Por un lado, sorprende la aparición y desaparición repentina de las escenas asociadas al fenómeno, como si surgieran de la nada y se desvanecieran sin dejar rastro. Y por otro, resulta aún más desconcertante que, en algunos casos, los propios observadores afirmen que basta con un pensamiento, una rechazo o una oración para que la manifestación se esfume. ¿Cómo puede un fenómeno aparentemente externo reaccionar de ese modo a la mente de quien lo observa? Y es que numerosos testimonios indican que la presencia del fenómeno cesa cuando el testigo reza, recita salmos, pronuncia conjuros o simplemente manifiesta con fuerza su intención de que todo desaparezca. Desde la Teoría de la Distorsión, esto no se interpreta como un acto mágico ni como intervención divina, sino como una alteración del estado mental y del proceso de interacción. Al romperse ese vínculo, la manifestación pierde su anclaje, físico, psíquico o intermedio, y desaparece de nuestra realidad observable. Hay que tener en cuenta que, en la mayoría de los casos, la distancia con la manifestado o el hecho de pronunciar estas oraciones de forma mental hace que el fenómeno no pueda percibir de manera “ordinaria” que el testigo desea “desconectar”. Por tanto es claro, que hay una conexión mental entre ambas partes.


UNA REALIDAD MÁS COMPLEJA DE LO QUE PARECE

En definitiva, la Teoría de la Distorsión sostiene que el comportamiento de las manifestaciones ufológicas señala en la dirección de que estas no pertenecen plenamente a la realidad ordinaria tal y como la entendemos, sino a un nivel de realidad mucho más compleja y difícil de encajar en nuestros modelos habituales de interpretación. Su altísimo grado de extrañeza no se limita a lo que los testigos dicen ver, sino que se extiende a la forma en que cómo fenómeno interactúa con el entorno físico o los propios observadores, dejando evidencias parciales, incoherentes o anómalas. Visto así, los OVNIs no serían simplemente “algo” mecánico volando por el cielo, sino el resultado de una interacción profunda entre el fenómeno y quien lo observa, una interacción que da lugar a una especie de escenificación que se presenta como real, pero que no siempre se comporta según las reglas habituales de la realidad que conocemos. Aunque a veces arrastre materia.

Por eso, responder a la pregunta sobre la dimensión física de los OVNIS no es tarea sencilla…





JOSE ANTONIO CARAV@CA

Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.



lunes, 29 de diciembre de 2025

LOS OVNIS NO SON SOLO OBJETOS FÍSICOS, Y ESO LO CAMBIA TODO

 



Casi desde sus inicios, allá por el año 2011, la Teoría de la Distorsión ha estado rodeada de malentendidos, y en muchos casos, de una simplificación excesiva, lo que ha llevado a ciertos aficionados, lectores e incluso a algunos investigadores a desvirtuar por completo su contenido.

Con frecuencia se la ha etiquetado de forma apresurada como una explicación puramente escéptica o psicológica del fenómeno OVNI, reduciéndola a una cuestión de alucinaciones o construcciones mentales sin base física ni externa. Esto hace que quienes critican la teoría crean que es fácil desacreditarla, precisamente porque parten de la idea de que no está apoyada en la casuística ni en el conocimiento del fenómeno OVNI, como si quien la formuló lo hubiera hecho a espaldas de los casos, los testimonios y las evidencias acumuladas a lo largo de décadas. De ahí que, casi de inmediato, surjan siempre las mismas preguntas retóricas intentando dejar en evidencia esta tesis: ¿Y cómo explica la Distorsión las huellas en el terreno, las fotografías o que otras personas también lo vean?, cuestiones que en realidad delatan más un desconocimiento del contenido real de la Distorsión que una refutación.

El error proviene de una lectura superficial de la Teoría de la Distorsión y de no comprender plenamente su idea principal, que dice que los OVNIS no son solo fenómenos físicos, sino que poseen una importante dimensión psíquica que no puede ignorarse. Pero esto no quiere decir que su explicación sea exclusivamente mental, ya que es precisamente esa condición híbrida, física y psíquica de las manifestaciones ufológicas, la que resulta incómoda y difícil de encajar dentro de nuestras expectativas sobre una visitación extraterrestre, y lo que cambia por completo nuestra manera de enfrentarnos al fenómeno. Y de hecho estos aspecto extremadamente extraños es lo que ha llevado a una completa confusión a la hora de abordar el estudio y comprensión del fenómeno, y la causa que llevemos casi 80 años intentando desentrañar su misterio sin habernos acercado a su núcleo.


UN ORIGEN EXTERNO: LAS DOS FASES DEL FENÓMENO

El primer punto que conviene dejar claro, y que suele ser el más tergiversado, es que la teoría de la Distorsión defiende la existencia de un origen externo e independiente del ser humano. No estamos hablando de alucinaciones, proyecciones mentales ni construcciones simbólicas nacidas exclusivamente de la psique del testigo. El fenómeno existe ahí fuera, con características propias, previas a cualquier observación humana. Es decir, no necesita al testigo para manifestarse, aunque sí para adquirir forma en determinadas circunstancias que es un matiz importante en esta tesis.

Desde este enfoque, el fenómeno puede entenderse en al menos dos fases claramente diferenciadas:

1. LA FASE AUTÓNOMA

En esta etapa, la manifestación se produce de manera independiente del observador. Si rastreamos en la literatura sobre encuentros sobrenaturales o extraordinarios encontramos patrones recurrentes: luminarias inexplicables, luces erráticas o fogonazos, sensación intensa de presencia, comunicación telepática con “algo desconocido”, siluetas extrañas o formas indefinidas, sonidos extraños...

Estas características parecen propias del fenómeno en sí, más allá de la cultura, la época o las creencias del testigo. Por ello, las manifestaciones anómalas parecen existir al margen de nuestra propia presencia.

2. FASE DE INTERERACCIÓN

Es aquí donde entra en juego lo que denominamos Distorsión. En un momento determinado de la experiencia se produce una interacción directa entre el fenómeno y la mente del testigo, una interacción que no es casual ni uniforme, sino que depende de varios factores como puede ser la proximidad física, la duración del contacto, el grado de implicación emocional y, sobre todo, las capacidades psíquicas de cada individuo. En ese punto, el fenómeno parece reaccionar a la presencia humana incorporando a su manifestación elementos reconocibles, extraídos del imaginario personal y colectivo del testigo, como si necesitara traducirse a un lenguaje simbólico comprensible para la mente humana. Por tanto, la apariencia que percibimos del fenómeno, especialmente cuando adopta elementos que nos resultan familiares o están vinculados de algún modo a nuestra cultura, no es casual. Se trata de una especie de “colaboración encubierta”, un collage, entre el testigo y la manifestación, donde nuestra mente participa, de manera sutil, en la construcción de la escena, moldeando tanto su contenido visual como narrativo. Históricamente, este proceso ha dado lugar a interpretaciones en clave religiosa o sobrenatural de estos fenómenos: ángeles, demonios, duendes, apariciones marianas, la Santa Compaña o seres feéricos de todo tipo. En la era contemporánea, ese mismo mecanismo de adaptación o de filtrado adquiere formas acordes con nuestro contexto tecnológico, materializándose como platillos volantes y astronautas de otros mundos. No es, por tanto, el fenómeno el que cambia su naturaleza o su esencia de manera intencionada para manipularnos o engañarnos, sino que esa variación depende en gran medida de la capacidad del observador para encajar lo que está presenciando dentro de un sistema de creencias que le permita dar sentido a algo, en principio, incomprensible. Estaríamos hablando que los testigos crean una pantalla o interferencia entre el fenómeno y su sistema cognitivo, que quizás impide nuestra recepción adecuada del mensaje, la enorme extrañeza, la aparente ilógica y el sinsentido de estas manifestaciones, que no parecen perseguir otro objetivo que provocar confusión, sorpresa o desconcierto.


¿SIGNIFICA ESTO QUE TODO OCURRE A NIVEL PSICOLÓGICO?

Rotundamente, no.

La teoría de la Distorsión no niega la fisicalidad del fenómeno. Al contrario: sostiene que estamos ante algo que posee una doble naturaleza, física y psíquica. Esa condición dual explicaría por qué puede interactuar con el entorno material, dejando huellas, produciendo efectos electromagnéticos, siendo observado o incluso fotografiado, además de provocar efectos fisiológicos sobre los testigos, pero, al mismo tiempo, es capaz de estableces una conexión profunda con la mente humana y desenvolverse en una dimensión intermedia donde lo externo y lo interno parecen solaparse.

La escasez de documentación gráfica concluyente tras más de ochenta años de observaciones no sería una prueba de la incompetencia de los fotógrafos, sino una pista clave de que el fenómeno opera dentro de rangos de realidad distintos a los habituales, lo que dificulta su registro bajo nuestros parámetros tecnológicos convencionales.


UN FENÓMENO COMPARTIDO… PERO INESTABLE

Uno de los aspectos que más debate ha generado en torno a la teoría de la Distorsión es la idea, bastante extendida, de que estaría defendiendo que se trata de un fenómeno estrictamente privado, y por tanto enmarcado dentro de la psicológica. Esta interpretación ha llevado a pensar que todo ocurre solo en el interior de la mente de una persona, como si se tratara de una experiencia subjetiva. Sin embargo, esta lectura no se ajusta a lo que realmente plantea la teoría.

Lejos de negar la realidad externa del fenómeno, la teoría de la Distorsión propone algo más complejo, ya que lo observado puede ser visto por varias personas a la vez, aunque no siempre de la misma manera, dando lugar a una experiencia común pero marcada por una notable inestabilidad perceptiva. Aunque la Distorsión se active en la interacción con un testigo concreto, la manifestación no queda confinada a su mente ya que estamos tratando con un fenómeno externo. Otras personas presentes pueden observarla, lo que descarta de raíz la idea de que se trate de una alucinación. Sin embargo, como indican cientos de incidentes las descripciones varían notablemente de un testigo a otro como señalando que lo observado es voluble. Este rasgo es común a todo tipo de apariciones consideradas “sobrenaturales” a lo largo de la historia. El fenómeno está ahí, pero sigue manteniendo un vínculo activo con la forma en que cada observador lo percibe e interpreta. Incluso parece que hay gente que se mantiene al margen sin que su mente sea capaz de procesar de ninguna forma la experiencia. Pero hay que dejar claro que no estamos hablando de un sesgo cognitivo al uso, sino que la manifestación reacciona a la interacción psíquica con los testigos cambiando y adecuando su forma externa a las características y detalles suministrados por el inconsciente de los observadores. Un ejemplo. Imaginemos el fenómeno OVNI no como un objeto con una forma fija, sino como una especie de materia “blanda”, comparable a una masa de arcilla que aún no ha sido moldeada. No es que el testigo se equivoque al mirarla ni que su mente proyecte una imagen por error, no hablamos de pareidolia ni de un simple sesgo cognitivo, que haría que el objeto en origen no hubiera cambiado, sino que esa “arcilla” adopta una determinada forma en el mismo momento en que entra en contacto con la conciencia del observador. En lugar de ser un “objeto” estático, la manifestación altera su propia estructura externa para encajar con la "biblioteca mental" de cada individuo.


LA BURBUJA DE IRREALIDAD

Uno de los aspectos más desconcertantes y, al mismo tiempo, más reveladores de la naturaleza parapsíquica del fenómeno es la sensación recurrente que describen los testigos de quedar momentáneamente apartados de la realidad cotidiana mientras tiene lugar la manifestación. Durante la experiencia, muchos observadores relatan la impresión de que a su alrededor se crea una especie de burbuja de irrealidad o campana de silencio, como si el entorno habitual quedara suspendido o aislado del resto del mundo.

Se han registrado numerosos encuentros junto a carreteras donde, de manera inexplicable, no pasa ningún vehículo. De igual modo, hay manifestaciones ufológicas, incluso encuentros cercanos en zonas habitadas que, a pesar de su llamativa presencia, no dejan más testigos. Todo ocurre como si el fenómeno creara un escenario propio, separado del flujo normal de la realidad cotidiana.

Es como si el testigo, o los testigos, entraran en un cine de repente, y sin previo aviso, donde se proyecta una “película” que solo ellos pueden ver en ese momento. La experiencia se percibe como completamente real, intensa y tangible, pero nadie más puede acceder a esa “sala” hasta que la proyección termina. Cuando la “película” concluye, la realidad compartida vuelve a fluir con normalidad, como si nada hubiera sucedido. Lo curioso es que, más allá de las sensaciones o algunos detalles percibidos, el testigo no podría señalar en qué ha cambiado la realidad de un instante a otro, aunque en muchas ocasiones hay evidentes alteraciones en el flujo del tiempo (más despacio o rápido según el caso). Curiosamente estos aspectos inciden en la idea de un estado alterado en la mente de los testigos que suelen llevar asociados estas anomalías.


¿ESTAN LOS OVNIS INCRUSTADOS EN NUESTRA REALIDAD?

La teoría de la Distorsión no ofrece respuestas al uso ni explicaciones cómodas al fenómeno OVNI, de esas que suelen resultar más atractivas al público porque encajan a la perfección con lo que esperamos oír sobre la existencia civilizaciones extraterrestres o seres de otras dimensiones.

Al contrario, este planteamiento nos obliga a aceptar que las manifestaciones ufológicas no encajan en categorías simples, ni es únicamente físico, ni exclusivamente mental, ni totalmente objetivo, ni puramente subjetivo. Quizá por eso genera rechazo. Porque cuestiona nuestras ideas sobre la realidad, la percepción y el papel del ser humano como observador no pasivo ante estas manifestaciones. Es indiscutible a estas alturas que el fenómeno tiene un alto componente parapsíquico que resulta incomprensible y que no hemos sido capaces de verificar mediante el método científico convencional. Resulta especialmente significativo que un gran número de testigos relaten de manera reiterada que las manifestaciones parecen anticiparse a sus pensamientos o incluso responder a ellos. Este conjunto de testimonios refuerza la idea de una conexión profunda entre mente y fenómeno, donde el psiquismo humano y la realidad externa no actúan como compartimentos estancos, sino que se entrelazan de manera asombrosa.

Tal vez el verdadero reto al que nos enfrentamos no sea tanto descubrir qué es exactamente el fenómeno OVNI, sino comprender hasta qué punto sus incursiones influyen y dejan huellas en nuestra conciencia.

En los tiempos que corren, las experiencias visionarias suelen mirarse con escepticismo, casi como algo ajeno a la realidad empírica y más propio de épocas de superstición regidas por creencias sobrenaturales o religiosas. Sin embargo, si hay algo que parece claro es que, desde hace siglos, el ser humano ha sido capaz de entrar en contacto con porciones del universo que parecen poseer algún tipo de inteligencia, como si intentaran transmitir un mensaje o propiciar una transformación, una ampliación o mejora de nuestra propia conciencia. Hay esta la clave, mucho más que perder el tiempo en la hipnótica escenografía de estas manifestaciones, que puede ser que no tenga otro objetivo que hacer “digerible” esta nueva arrolladora realidad.

 



JOSE ANTONIO CARAV@CA


Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.



jueves, 25 de diciembre de 2025

ENCUENTROS CERCANOS CON OVNIS: ¿EXISTE REALMENTE UNA VINCULACIÓN PSIQUICA CON EL FENÓMENO?


 



A estas alturas tengo claro que hablar de OVNIs no es lo mismo que hablar de platillos volantes. Aunque en el imaginario colectivo ambos términos se superponen, y son prácticamente lo mismo, conviene marcar una diferencia esencial desde mi punto de vista. Los OVNIs —objetos voladores no identificados— constituyen, como indican sus propias siglas, una categoría muy amplia y ambigua de cosas, que abarca desde fenómenos meteorológicos, globos, malas interpretaciones, hasta tecnología desconocida. En cambio, los platillos volantes, especialmente su categoría de los llamados “encuentros cercanos”, o sea los casos a dos palmos de las manifestaciones, implican una serie de eventos de alta extrañeza, que es imposible asociar estas experiencias a algo convencional. Lo visualizado en estas crónicas excede por completo el rango de lo conocido en el mundo normal.

Aunque lo más desconcertante, sin embargo, no es solo la forma nada usual o comportamiento desconcertante del fenómeno, sino la aparente relación que mantiene con la psique del observador. Como si ambos estuvieran conectados por un hilo invisible.

Desde los inicios de la investigación ufológica moderna se ha documentado una sospechosa sincronía entre el fenómeno y el testigo. El primer aspecto anotado fue que algunos platillos volantes parecían anticiparse a las acciones humanas, leer pensamientos, e incluso inducir a las personas a estar en el lugar y momento exactos del encuentro, controlando por completo su voluntad.

Este inquietante patrón no se limita a la ufología. Aparece también en otras experiencias extraordinarias a lo largo de la historia: visiones marianas, apariciones místicas, encuentros con seres de la tradición popular o fenómenos forteanos, lo que refuerza la idea de que estamos ante un mismo fenómeno que se filtra de diferentes formas debido precisamente a esa conexión mental. La percepción de los observadores parece estar influencia por su propio contenido inconsciente haciendo que la escenografía sea altamente mutable y que se asocie a determinadas creencias o épocas. Como si las manifestaciones se personalizaran en cada ocasión en función de su conjunción con los observadores y el material psíquico puesto en juego. Se podría hablar de una experiencia liminal, en el sentido en que la conciencia del testigo se desplaza de su estado ordinario y entra en una zona ambigua, a medio camino entre lo real, lo simbólico y lo trascendente

Pero podemos seguir buceando en la literatura ufológica en busca de más pistas de esta intromisión psíquica del fenómeno. Numerosos testigos han relatado que los denominados ufonautas se comunican mediante telepatía, o en algunos casos, a través de formas de transmisión de carácter no verbal. Este detalle, aunque frecuentemente citado con una naturalidad pasmosa por los ufólogos, encierra una complejidad notable que rara vez se aborda en profundidad. La posibilidad de establecer una comunicación telepática fluida no es, en absoluto, un proceso sencillo o directo. Para transmitir información mental de forma precisa, sería necesario un conocimiento detallado del funcionamiento neuropsicológico del receptor: desde las frecuencias cerebrales en las que opera la conciencia humana, hasta la estructura simbólica, lingüística y cultural que configura su pensamiento. No basta con “enviar un mensaje mental”; ese mensaje debe codificarse en un lenguaje comprensible, atravesar posibles filtros emocionales o cognitivos, y ser decodificado por el cerebro del testigo en términos coherentes. Esto plantea interrogantes de enorme calado: ¿quién —o qué— posee tal nivel de conocimiento sobre la mente humana como para comunicarse con ella? ¿Y por qué esa comunicación se da en términos que parecen adaptarse a la comprensión del testigo, a veces incluso recurriendo a símbolos arquetípicos o culturales específicos? ¿Acaso el fenómeno está emparentado con nuestra conciencia de alguna manera?

Pero hay más.

Otro dato interesante para nuestro estudio es que muchos testigos tienen la sensación de que la presencia de estas manifestaciones, independientemente de su contexto o etiqueta sobrenatural, inducen profundos y diversos estados alterados de conciencia. Son innumerables los incidentes donde los observadores parecen caer en una especie de trance, sopor, o en un estado de percepción no habitual que parece incitado por el fenómeno. Los estudiosos han reportado la existencia de una especie de "campana de silencio", una burbuja donde el mundo exterior parece quedar suspendido. Un silencio absoluto envuelve el entorno, y da la impresión de que incluso las personas cercanas han desaparecido sin dejar rastro. Y es que este es uno de los aspectos más frecuentes en los informes de encuentros cercanos. Infinidad de testigos relatan que han sufrido una alteración espacio temporal durante su experiencia que se deriva en lapsos perdidos, tiempo que se acelera o se detiene o eventos que ocurren “fuera del tiempo”. Los diferentes estudiosos explican este curioso fenómeno desde dos perspectivas fundamentales: o bien la manifestación altera el continuo espacio-temporal, o bien la conciencia del testigo entra en un estado no ordinario que el tiempo deja de percibirse linealmente, como ocurre en sueños, en hipnosis o, incluso en experiencias místicas. Esto refuerza la hipótesis de que el fenómeno no sólo ocurre "fuera", en el cielo o en el campo frente a los ojos de los observadores, sino que tiene una desconcertante dimensión psíquica.

Otro aspecto fascinante es la versatilidad del fenómeno. Las descripciones de las naves y sus ocupantes varían drásticamente entre testigos, incluso en casos geográficamente cercanos o contemporáneos. No hay una tipología estable ni coherente. La estética parece adaptarse a la mente del testigo, como si el fenómeno se moldeara en tiempo real según el bagaje cultural, psicológico o simbólico de cada persona. Esta plasticidad sugiere que no estamos ante una tecnología objetiva y externa, sino ante una experiencia inmersiva que incluye un componente proyectivo: lo que se ve es, en parte, lo que se espera, teme o imagina cada individuo. Este hecho refuerza sin duda la conexión entre mente y fenómeno.

Esto sugiere un mecanismo de control mental que pone en entredicho la naturaleza misma del fenómeno como un ente totalmente ajeno e independiente a los testigos. ¿Estamos hablando de tecnología avanzada o de una manifestación cuyo canal de comunicación principal es la mente humana?

Pero sin duda, uno de los aspectos más singulares y menos abordados es la interrupción abrupta del contacto, y que vincula directamente las experiencias ufológicas con otras manifestaciones anómalas, como las apariciones marianas o los encuentros con entidades y seres sobrenaturales a lo largo de la historia, es la posibilidad de interrumpir el contacto de forma súbita y unilateral. Diversos testimonios coinciden en que la manifestación puede desaparecer bruscamente, como se si apagara un televisor, si el testigo comienza a recitar plegarias, mantras, oraciones, conjuros o simplemente demuestra una fuerte voluntad de ruptura. Este detalle es clave, ya que sugiere que lo observado en estas experiencias se manifiesta a través de la mente humana y solo permanece mientras exista una comunicación continua y sin interrupciones. Curiosamente las antiguas narraciones de apariciones sobrenaturales: desde la Santa Compaña hasta entidades demoníacas o criaturas fantásticas, relatan que el ser humano podía invocar símbolos religiosos o mágicos para defenderse o interrumpir la visión.

 

Vista desde esta perspectiva, los crónicas de encuentros cercanos con platillos volantes abren la puerta a otro tipo de hipótesis, alejadas de la idea de simples incursiones aéreas de origen alienígena. Estos episodios parecen estar profundamente ligados a la percepción, la conciencia y a la compleja relación entre el observador y este fenómeno ancestral. La ausencia de tipologías fijas, junto con la aparente capacidad de las manifestaciones para interferir directamente con la mente del testigo, sugiere que no estamos ante unas escenografías meramente físicas, sino ante una experiencia psíquica profunda e inmersiva, que adopta la apariencia de un suceso externo tal vez como una forma simbólica de comunicarse o de reflejar aspectos ocultos de la psique individual o colectiva. Si logramos seguir ese hilo invisible que nos conecta al fenómeno es probable que hallemos algunos respuestas.

En este sentido lo que se manifiesta en estos encuentros extraordinarios podría entenderse como una distorsión cultural cargada de simbolismo, una especie de espejo de feria donde convergen mitos, creencias y percepciones colectivas. Más allá de revelar aspectos de un fenómeno aún indefinido, estas experiencias parecen servir como lienzos en blancos para proyectar hacia el exterior capas profundas de la conciencia humana. Es como si, en determinados estados de percepción, la psique en conjunción con este fenómeno encontrara una vía para comunicarse con el exterior, desafiando nuestras categorías habituales de lo real.

 



JOSE ANTONIO CARAV@CA


Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



martes, 2 de diciembre de 2025

LA DISTORSION, EL INCONSCIENTE COLECTIVO Y EL AGENTE EXTERNO COMO MOTORES DE LAS EXPERIENCIAS EXTRAORDINARIAS

 



¿Podría un agente externo desconocido utilizar una conexión psíquica con los testigos para manifestarse en nuestra realidad fusionando lo personal y lo universal en una experiencia que varía según cada perceptor?

La respuesta a esta pregunta podría acercarnos a una comprensión más profunda de los fenómenos forteanos y ufológicos y, por supuesto, lo más interesante a un mejor entendimiento de nuestra propia conciencia, como quizás el canal imprescindible para interpretar estas señales y navegar a través de ellas.

Lo primero que habría que dilucidar  es si nuestra psique es un artefacto aislado, si trabaja sola para interpretar la realidad que la rodea, o si por el contrario está abierta a utilizar herramientas externas que permitan actualizar o expandir su antena decodificadora. Hace décadas el genial psicoanalista Carl Jung introdujo un interesante elemento en el debate sobre las visiones extraordinarias que ayudaba a comprender ciertos aspectos. Me refiero al inconsciente colectivo, sin duda una de las propuestas más fascinantes del psicólogo suizo Carl Gustav Jung. El concepto del inconsciente colectivo, tal como lo formuló Jung ha sido tradicionalmente entendido como un depósito de arquetipos y experiencias comunes para toda la especie humana. Los arquetipos son imágenes, ideas o símbolos que están presentes en las mentes de todos los seres humanos, independientemente de la época o el lugar en el que hayan vivido. Por esa cuestión, mitos, creencias o leyendas muy similares pueden aparecer en culturas que nunca tuvieron contacto entre sí. Algo así como un depósito intangible que cualquier ser humano puede “sintonizar” bajo determinadas circunstancias. Incluso Jung otorgaba cierta independencia, inteligencia o resortes automáticos a este gran ente para actuar en beneficio de la humanidad llegado el caso de un extremado stress social. Jung sostenía que el inconsciente colectivo era un sistema de emergencia que se activaba para equilibrar situaciones límites como un docto terapeuta. Es como si este inconmensurable campo psíquico tuviera la capacidad de intervenir y recordarnos quiénes somos, reconectándonos con esas verdades profundas que han acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos. Sin embargo, considero que esta visión del inconsciente no debería interpretarse literalmente como un "banco de datos" o un "archivo etéreo" accesible desde el exterior o hackeable por una fuente externa, sino más bien como una enorme red, una especie de resonancia psíquica compartida entre los seres humanos mediante un vínculo aún indeterminado, lo que permite que ciertos arquetipos e ideas emerjan de manera natural a través de las personas, sin intervención directa. 

En mi propuesta teórica, sostengo que los fenómenos anómalos, como los encuentros cercanos con OVNIs, la apariciones marianas o las visiones  paranormales, no son únicamente externas ni puramente internas. En cambio, estas manifestaciones surgen de una interacción compleja entre un agente externo desconocido y el psiquismo individual del testigo en un intento, de este último, por decodificar una nueva realidad que se abre paso de forma inesperada y asombrosa ante nuestros sentidos. Este agente utiliza los contenidos mentales de la persona, es decir, sus creencias, símbolos y arquetipos, para construir la estética de lo observado, pero lo hace de manera distorsionada. En otras palabras, lo que el testigo percibe es una versión alterada o transformada de la información que reside en su propio inconsciente, lo que da lugar a una manifestación única y personalizada del fenómeno, pero que evidentemente tienen rasgos socioculturales y patrones perfectamente reconocibles insertados en la escenografía, tanto en lo visual como en lo narrativo. En todo punto podríamos considerar esta intromisión como una “arquitectura psíquica” capaz de, no solo interferir de diversas maneras con el organismo humano, sino incluso interactuar con la materia del entorno, o producir efectos cuantificables en ocasiones análogos a los de los objetos físicos. En este contexto, considero que ese denominado agente externo no accede al inconsciente colectivo como si fuera una base de datos concreta y organizada que consulta como un libro abierto, sino que interactúa con el psiquismo individual de una manera que permite sintonizarse con esa posible resonancia psíquica compartida. En lugar de extraer información de forma directa del inconsciente colectivo, este agente externo manipula o se hace visible a través de ese bagaje personal del testigo, aprovechando su capacidad para conectar con los arquetipos universales que están presentes en ese vasto campo psíquico que es el inconsciente colectivo. De esta forma, la experiencia resultante, sobre todo a nivel estético, es fruto de una compleja combinación entre lo personal y lo colectivo, filtrada y modulada en últimas instancias por la psique humana. Por lo que deberíamos de olvidar que el fenómeno tenga una voluntad de ocultar o camuflar su apariencia mediante estas interfases con la mente de los testigos. Además, creo que la cantidad y calidad de información accesible y utilizable, más allá de lo superfluo de la cascara que envuelve estos mensajes, o sea la escenografía extraterrestre o mariana, por ejemplo, depende del "terminal", es decir, la persona misma. Cada individuo tiene una capacidad única, no solo para sintonizar con los arquetipos del inconsciente colectivo, sino para manejar lo imaginal en el proceso de construcción cognitiva. No todos los testigos son capaces de interactuar de la misma forma con el agente externo. Lo que implicaría que no todos los sujetos enfrentados estas manifestaciones experimentan el fenómeno de la misma manera. En algunos casos, ciertos testigos parecen estar más predispuestos a acceder a experiencias más complejas e intensas debido a su mayor sensibilidad o resonancia con este inconsciente colectivo. Es muy probable que este agente externo cuando irrumpe en nuestra realidad trabaje en la misma frecuencia que nuestra psique, produciendo algún tipo de interferencia o comunicación extrema dependiendo del grado de interacción con los testigos. Esto explicaría por qué algunas personas tienen experiencias mucho más detalladas o impactantes que otras, lo cual depende de su grado de conexión con esta nueva realidad expandida arrastrada por el agente externo hasta nuestro mundo ordinario.

En resumen, considero que el inconsciente colectivo no es un espacio accesible de forma directa, ni una biblioteca mental al uso, sino más bien un vínculo psíquico compartido que emerge naturalmente a través de los individuos. El agente externo no actúa como un hacker que roba información del inconsciente colectivo, sino que interactúa con el psiquismo del testigo, provocando una resonancia con los arquetipos y símbolos universales, lo que facilita la creación de determinados estereotipos del mundo sobrenatural, religioso, forteano o ufológico. Esta interacción genera una distorsión que transforma la experiencia en algo único y personal cargado con factores socioculturales. La intensidad y el carácter de esta experiencia dependen en gran medida de la capacidad del individuo para sintonizarse con el agente externo. Esta reinterpretación de las manifestaciones anómalas aporta una nueva dimensión a la Teoría de la Distorsión, abriendo la posibilidad de que el agente externo utilice nuestra conexión psíquica con el inconsciente colectivo para manifestarse de formas que combinan lo personal y lo universal en una experiencia arrebatadora para los sentidos. Este enfoque plantea interrogantes profundos sobre la naturaleza de los fenómenos anómalos y la estructura de la mente humana, lo que no lleva a una exploración más profunda de las conexiones entre el inconsciente colectivo, el agente externo y estas manifestaciones que tanto han intrigado al ser humano desde los albores de la historia.





JOSE ANTONIO CARAV@CA


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domingo, 2 de noviembre de 2025

¿SON LOS OVNIS UN PARADIGMA COGNITIVO CUYA REALIDAD FISICA ES SOLO PRODUCTO DE UN EPIFENOMENO?

 





Desde hace décadas numerosos investigadores creen que el fenómeno OVNI se parapeta detrás de un excelso camuflaje para engañar y manipular a los testigos con fines y propósitos que no comprendemos. Lo hizo hace siglos con las manifestaciones de hadas, duendes, criaturas sobrenaturales y apariciones marianas, y en pleno siglo XX logró mimetizarse bajo la etiqueta de visitantes extraterrestres. Pero; ¿estamos ante un fenómeno inteligente que elige a la perfección su rol para presentarte a los humanos? o ¿por el contrario estamos ante un desconcertante paradigma cognitivo que evidentemente se muestra con "disfraces" socioculturales presentes en cada época de su actuación?

Que todas la apariciones de entidades extrañas que a lo largo del tiempo han interactuado con el ser humano hayan sido tan eximias y "engañosas" en sus comunicaciones, y que hayan ofrecido tan pocas pruebas sobre su existencia, es un indicio muy interesante, y a tener muy en cuenta, de que todas estas insólitas manifestaciones puedan tener un mismo y único origen y sobre todo una incidencia directa sobre la psique de los testigos, lo que indicaría que lo que observamos no existe independientemente de los observadores, al menos en el resultado final de la manifestación que aparece ante nuestros ojos. Por lo que habría que distinguir en primer lugar entre el fenómeno (en origen), y lo manifestado frente a los testigos (los incidentes), que probablemente sean dos cosas bien distintas, como lo puedan ser el artista (la persona) de su obra pictórica (los cuadros).

Que el contenido de todas estas manifestaciones tenga un trasfondo tan humano (perfectamente reconocible), tanto en lo visual como en lo narrativo, es otra clave que nos indica la participación encubierta de la psique de los testigos en la conformación de las experiencias, ayudando a su elaboración de forma inconsciente. A casi nadie se le escapa el hecho de que los ufonautas tengan un guardarropa tan parecido al nuestro o que incluso tengan ordenadores, palancas o barandillas idénticas a las nuestras.

Además, es muy posible que la dificultad para documentar estos fenómenos tenga que ver con su naturaleza ambigua, situada a medio camino entre lo psíquico y lo físico. Eso hace que sea complicado obtener pruebas abundantes, incluso cuando su presencia se siente totalmente “real” e incuestionable para quienes la experimentan. Pero esto no significa que el fenómeno sea ilusorio ni que no pueda irrumpir en nuestra realidad de manera tangible, provocando efectos físicos y fisiológicos. Más bien actúa de un modo distinto a todo lo que conocemos, aunque sus consecuencias, a ojos del testigo, resulten tan reales como las de cualquier suceso ordinario. Quizá ahí, en esa extraña forma de manifestarse, esté una de las claves para comprender el paradigma OVNI.

¿Son los OVNIS un fenómeno cuya naturaleza escapa de los limites convencionales de nuestra dimensión cognitiva? No me refiero a una naturaleza interdimensional tal y como la defienden y conciben muchos estudiosos desde hace años, con entidades saltando a través de portales, sino que el fenómeno OVNI procede de zonas remotas a las que puede acceder nuestra mente en determinados estados de conciencia, independientemente que lo manifestado en esta exploración de una nueva “realidad” pueda hacerse momentáneamente visible y tangible en nuestra dimensión. Y es por la participación de nuestra psique que el contenido de todos los encuentros con seres y entidades tienen enormes implicaciones culturales humanas y aspectos sumamente absurdos y caóticos, como los ofrecidos por el universo de los sueños o, por ejemplo, incluso los trastornos mentales y los estados febriles. Pero esto no quiere decir, que los OVNIS sean algo estrictamente mental (entendido esto como algo irreal o ilusorio), sino todo lo contrario, pero es muy probable que su naturaleza pueda estar más cerca de la "materia" que componen nuestros sueños que a una chapa o tornillos de metal. Esto no resta ni misterio, ni extrañeza al paradigma, tan solo redirige la atención hacia otros aspectos más desconocidos y considerados sin importancia hasta la fecha. Siempre hemos pensado que lo material, lo tangible, lo medible, lo cuantificable, solo aquello que podemos meter en una probeta de laboratorio o tocar, es lo auténticamente real e incuestionable. Pero probablemente los encuentros con ovnis y otros hechos forteanos señalan en otra dirección.

Quizá exista otra forma de explorar el universo distinta de la estrictamente científica que hemos adoptado como única vía válida para entender lo que nos rodea. La presencia de los OVNIs y de otras anomalías similares sugiere algo inquietante e interesante a la vez: que la psique humana no es un simple producto biológico del cerebro, sino una puerta capaz de acceder a más información del universo de la que nos llega por los sentidos habituales. En ese estado ampliado, la conciencia parece interactuar con un fenómeno que muestra un comportamiento inteligente y que se nos presenta mediante una “escenografía” extremadamente flexible, moldeada en parte por nuestra propia participación. Y, a su vez, esa interacción encubierta de los testigos parece activar capacidades latentes dentro de nosotros.

Nos encontramos, por tanto, ante una manifestación que se mueve en una extraña dualidad entre lo psíquico y lo físico, lo que explica por qué resulta tan difícil obtener respuestas mediante los métodos convencionales. Solo cambiando la forma en que nos acercamos al fenómeno podremos aspirar a comprenderlo. Y quizá debamos aceptar que su dimensión física, tan valorada por muchos, podría no ser un atributo esencial del fenómeno, sino simplemente un efecto secundario de cómo este interactúa con nuestra psique dentro de nuestro entorno.

Ya que los OVNIs, en definitiva, serían porciones de una realidad que se “inserta” dentro de la nuestra, más estable y ordenada. Una realidad cargada de información sobre nosotros mismos y el universo que no termina de llegar hasta nosotros con claridad debido a las interferencias sensoriales. Esa traducción imperfecta es la que, a lo largo de la historia, hemos nombrado de mil maneras: OVNIs, daimones, ángeles, dioses… y extraterrestres…

 

 

 JOSE ANTONIO CARAV@CA


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