viernes, 11 de junio de 2021

¿DE QUE ESTÁ HECHA LA MATERIA DE LOS OVNIS?

 





Siempre me he cuestionado donde estarán todos esos OVNIS, de distinto tamaño, color y forma que hemos recogido a lo largo de los años en la enorme casuística de los denominados encuentros cercanos. Me pregunto si estarán todos almacenados limpios y relucientes en un enorme hangar oculto de miradas indiscretas o si por el contrario se disolverán con la misma facilidad que nuestros sueños una vez han sido vivenciados. Y es que no es viable, si siquiera sensato que todos los OVNIS mostrados en cientos de libros y miles de artículos obedezcan a una realidad empírica tal y como nosotros la concebimos. En absoluto. No podemos estar ante el despliegue estelar de miles de prototipos diferentes de OVNIS y ufonautas. No es asumible pensar que somos el ombligo del universo y recibir millones de visitantes diferentes. Por tanto, aunque no sea del agrado de los ufólogos tradicionalistas, la materia que integra este desconcertante fenómeno está más próxima a la efímera sustancia que da vida a los pensamientos, la imaginación y los sueños más que a una chapa abotonada con tornillos y tuercas. Pero esto no quiere decir que, en un momento dado, el paradigma OVNI sea intrascendente y que no pueda repercutir sobre el medio en el que se manifiesta y sobre las personas. Sea lo que sea este fascinante fenómeno, su conjunción e interacción con el ser humano va más allá de todo lo que intuimos hasta el momento, para provocar una muy detallada escenografía basada en conceptos socioculturales, que a veces, y bajo circunstancias no aclaradas puede volverse momentáneamente físico. Como si nuestra psique ejerciera de filtro para decodificar la señal de una realidad ampliada oculta a nuestros sentidos ordinarios. Y es muy posible que las interferencias que provoca nuestra mente, a la hora de interpretar estas manifestaciones, nos impide relacionarnos abiertamente con este universo cognitivo desconocido del que podemos aprender muchas cosas, pero seguramente este conocimiento no tiene nada que ver con lo que algunos esperan. Hay una vasta realidad que no nos muestra nuestra idolatrada ciencia del átomo y los neutrinos... Y los encuentros cercanos con OVNIS están íntimamente ligados a la esencia del ser humano y su posición en el universo. Así que nuestros esfuerzos por colocar a los platillos volantes en un tubo de ensayo y someterlo a un microscopio serán tan eficaces como intentar atrapar un sueño con las manos…







JOSE ANTONIO CARAV@CA


Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.

domingo, 2 de mayo de 2021

CLAVES DEL FENOMENO OVNI





 ¿Quién está detrás del fenómeno ovni? 

Para empezar, hay que dejar claro que nos hallamos ante un fenómeno real, desconocido e inexplicado por nuestra ciencia. Sobre todo, existen 4 puntos que nos indican la verdadera dimensión de este enigma: 

1.- La universalidad de las experiencias, y su efecto en personas de toda índole y cultura. 

2.- La existencia de incidentes narrados por testigos desconocedores del paradigma pero que, inexplicablemente, se ajustan a los patrones establecidos por el propio fenómeno. 

3.- Que las experiencias puedan ser observadas por varios testigos conjuntamente o de forma independiente. 

4.- La existencia de pruebas físicas asociadas a las experiencias: huellas, rastros, quemaduras, etc. 

Evidentemente, mis planteamientos están muy alejados de la HET y de los pretendidos visitantes alienígenas, y por ello he establecido el término «agente externo» (AE) para definir de forma genérica y sin limitaciones al responsable de este tipo de manifestaciones. Sin duda, a lo largo de los siglos, bajo diversas etiquetas, el ser humano ha sido testigo de diversos encuentros con criaturas y seres desconocidos (daemones, ángeles, hadas, demonios, extraterrestres) que tienen algo en común: son tremendamente esquivos y poco dados a revelar su verdadera naturaleza y procedencia, además de ser efímeros. Pero lo más extraño es que todos estos encuentros parecen ocurrir fuera de nuestra percepción ordinaria. Personalmente, estoy convencido que el AE sirve como catalizador para que nuestra psique pueda acceder a tener esporádicos «contactos» con porciones desconocidas de nuestra realidad —quizás otras dimensiones—, aunque en última instancia nada de lo observado respondería a una realidad empírica —tal y como nosotros la concebimos—. El AE también podría ser algún tipo de «entidad» energética, que necesitaría de las creencias humanas, o de la propia interacción con las personas, para «subsistir», pero, incluso, estas manifestaciones podrían ocultar algún tipo de proceso psíquico desconocido vinculado con el inconsciente colectivo de Jung. Hay que tener en cuenta que, probablemente, de añejos paradigmas reactualizados brotó el tema de los «visitantes extraterrestres», enmarcados en una época muy determinada y como sustitutos naturales en nuestro particular altar de los arcaicos «dioses» y las desfasadas «entidades» sobrenaturales que siempre nos han acompañado. Por lo tanto, creo que los ovnis, ante todo, son un fenómeno «psicodimensional» que en determinadas circunstancias interacciona con nuestro medio físico produciendo un amplio espectro de repercusiones altamente maleables debido a nuestra participación inconsciente —por su evidente importancia, en el capítulo final del presente libro ampliaremos esta definición sobre nuestro misterioso agente «distorsionador». 


(de mi libro Distorsión.  Ovnis, apariciones marianas, bigfoots, hadas, fantasmas y extrañas criaturas ¿una teoría explicativa? Editorial Guante Blanco. 2019)




JOSE ANTONIO CARAV@CA



Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.

viernes, 2 de abril de 2021

¿QUE ES LA DISTORSIÓN?: ACLARANDO CONCEPTOS...




Con el paso de los años he comprobado como existen algunos lectores, aficionados y algún que otro investigador rezagado, que son incapaces de digerir la teoría de la Distorsión. Es más, creo que en realidad comienzan a rechazar de plano esta idea, sin propósito de enmienda, en el mismo momento que escuchan o leen, que de la ecuación se cae la todopoderosa y casi sagrada hipótesis extraterrestre. Y es muy probable que en parte también sea debido al uso de la palabra distorsión, un término que de alguna manera evoca para estas personas algún tipo de planteamiento que vincula las visiones de OVNIS con alucinaciones o trastornos mentales. Y lo más grave del asunto es que en infinidad de ocasiones he aclarado que mis esbozos no restan ni un ápice de misterio a los No Identificados. Pero esto no ha sido suficiente para que mucha gente siga en sus treces de pensar que la teoría de la Distorsión preconiza la inexistencia total de los OVNIS. Supongo que estos acérrimos críticos no pierden el tiempo leyendo mis artículos, más allá de sus llamativos y provocativos titulares y muchos menos se aproximan a la tarea de examinar mis ignominiosos libros. Para estas personas está claro que un servidor, es poco menos que un maldito escéptico o incluso un negacionista declarado del paradigma ufológico que defiende que los testigos «distorsionan» (patinan o desfasan) mentalmente cuando aseguran que han tenido un encuentro OVNI. Y tan seguros están de esto, que, cómo en un interminable bucle, una y otra vez, me lanzan las mismas tendenciosas preguntas como si hubieran descubierto el talón de Aquiles de mis ideas sin mucho esfuerzo. Y es por eso que en conferencias o comentarios de mis artículos suela encontrarme, como en un eterno déjà vu, unas repetitivas cuestiones que he contestado tantas veces que he perdido la cuenta: ¿Cómo explicas que los OVNIS se detecten en las pantallas del radar y se puedan fotografiar? ¿Qué pasa cuando un OVNI lo ven muchas personas a la vez, quiere decir que todos están distorsionando al mismo tiempo? ¿Las distorsiones pueden dejar huellas y marcas sobre el terreno? ¿Puede un perro detectar una distorsión? Y todo basado en la equivocada premisa de que la “gente distorsiona” es algo así como decir que los testigos son víctimas de potentes alucinaciones creadas por nuestra propia psique.

Pero obviamente todas están preguntas parten de un desconocimiento brutal de la teoría de la Distorsión. Solo se puede estar en legitimo desacuerdo con una idea cuando se conoce en profundidad. Por eso he querido aclarar muchos conceptos en este breve artículo.


EL MODUS OPERANDI DEL PARADIGMA

Para empezar, me gustaría aclarar que la teoría de la Distorsión nació con la única inicial intención de intentar decodificar de qué forma se producen los encuentros cercanos con OVNIS, o lo que es lo mismo ¿por qué la gente experimenta este tipo de extrañas visiones de alta extrañeza relacionadas con naves y ocupantes desconocidos y por qué cada individuo las ve e interpreta de una determinada forma? En un principio mi análisis no entraba tanto en valorar la naturaleza última del fenómeno OVNI, como el intentar poner sobre la mesa una serie de indicios y pistas que pudieran poner al descubierto los mecanismos que podrían estar detrás de estas manifestaciones. A mi entender había que explicar por qué los testigos protagonizaban estos fenómenos de una forma tan personal, subjetiva e intransferible.  O sea, profundizar en el modus operandi de los OVNIS, que era uno de los pocos aspectos del paradigma ufológico que la casuística nos permitía afrontar con ciertas garantias. Solo decodificando lo que nos ofrece los miles de testimonios acopiados podríamos a avanzar y desterrar ideas preconcebidas y heredadas. También es indispensable tener en cuenta que mi campo de estudio se centra en los encuentros cercanos con OVNIS, que de lejos exhiben una mayor y más confusa extrañeza que los avistamientos lejanos, por lo que, para muchos lectores, es difícil de entender el enorme salto que representa para la investigación y sus conclusiones, abordar este tipo de incidentes en comparación con las observaciones a cierta distancia de aeronaves no identificadas, donde el perfil fenomenológico de los OVNIS es mucho menor. Los denominados encuentros cercanos del tercer tipo demuestran que no estamos, ni mucho menos, ante un fenómeno estable, uniforme y con una memoria «estética» que podamos rastrear o seguir de un evento a otro. Independientemente que en ocasiones estas apariciones sean físicas, cosa que es indiscutible a estas alturas y que no se puede cuestionar, los OVNIS nunca han presentado continuidad, ya que la casuística nos señala que nunca hemos estado en presencia de la misma nave y unos mismos tripulantes (en un tour de exploración). Y esto es ya de por sí, un dato muy sospechoso a la par que delatador de por dónde pueden ir los tiros. Pero no para negar la realidad del fenómeno OVNI, sino para emprender caminos alternos a la hipótesis extraterrestre para hallar una explicación. Y es que los principales ingredientes que componen y dan forma al paradigma ufológico, o sea las pretendidas naves espaciales y sus ocupantes, han variado ostensiblemente a lo largo de los años, tanto en su tipología y anatomía, como en sus comportamientos hacia los testigos, demostrando que estas manifestaciones, sean lo que sean, se reiniciaran en cada encuentro prácticamente desde cero. Y esto demostraría, entre otras cosas, que el fenómeno OVNI, se modifica y reacciona de forma interactiva ante la presencia de los observadores. Pero no para cambiar su aspecto como un camaleón, sino para proyectar una nueva escenografía inmersiva.

La teoría de la Distorsión ha llegado a diferentes países ocasionando profundos debates sobre la naturaleza del fenómeno OVNI.

La teoría de la Distorsión ha sido traducida al ingles, japonés, griego, polaco, italiano, francés y portugués entre otros idiomas.




Por tanto, considero que ha sido un grave error por parte de una gran mayoría de estudiosos el intentar trasladar la idea a la opinión pública de la existencia de un fenómeno coherente y uniforme sobre el que diferentes personas de todo el mundo daban distintos pero unificadores testimonios. Los OVNIS jamás han poseído una fotografía fija. Como los sueños estas apariciones han estado sujetas a una amplia gama de interpretaciones y decodificaciones personales, además de un filtrado bajo aspectos socioculturales, que señalarían que el observador influye de manera decisiva en lo observado. Los OVNIS se edifican como un constructo social. Y si no aceptamos que nuestra psique modifica e interfiere de manera activa en el contenido escenográfico expuesto en las experiencias OVNIS estaremos muy lejos de llegar a una correcta interpretación del paradigma. Y esto añade otro dato importante, todos los análisis que efectuemos sobre la casuística tienen que tener en mente esta intromisión por parte de los testigos en el contenido expuesto por el fenómeno. De lo contrario nuestras hipótesis estarán confundidas ya que la arquitectura psíquica resultante de nuestra interacción con el paradigma proyecta una ficticia composición que adorna el fenómeno real con elementos y características que nada tienen que ver con su verdadera esencia. Para terminar, diré que estas manifestaciones anómalas parecen erigirse en un territorio liminal entre nuestra realidad y el lugar de donde proceden estos fenómenos (que puede ser incluso resquicios inexplorados de nuestra propia realidad), y esto podría explicar la compleja amalgama de factores parafísicos registrados en las apariciones ufológicas.

Por lo que solo entendiendo el modus operandi de los OVNIS en sus encuentros más próximos con los testigos, podremos dar el siguiente paso. Aventurarnos a descubrir al causante de estas fascinantes y perturbadoras apariciones.





JOSE ANTONIO CARAV@CA



Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca. 







lunes, 1 de febrero de 2021

OVNIS ¿A QUE NOS ENFRETAMOS? ¿SERES EXTRATERRESTRES?




Pese a que numerosos investigadores siguen defendiendo que la HET (Hipótesis Extraterrestre) es la respuesta más acertada para explicar el fenómeno ovni, su coherencia ha sido puesta muy en duda en los últimos años. Y solo despreciando una gran parte del material informativo acopiado por los ufólogos es posible mantener, a día de hoy, que las visiones de estos artefactos y sus ocupantes pueden estar provocados por la llegada a nuestro planeta de una tropa de científicos extraterrestres. A mi entender existen nueve factores claves que debemos tener en cuenta a la hora de analizar este paradigma: 

1.- Diversidad infinita en las descripciones de aeronaves. (Ni siquiera en formas básicas como «platillos» o «esferas» existe unanimidad en tamaños o colores)

2.- Diversidad infinita en las descripciones de humanoides. 

3.- Exclusividad de cada incidente. Sin repetición en la casuística de la mayoría de los elementos y características observadas. 

4.- Elementos absurdos (hadas con escafandras, alienígenas cocineros...) 

5.- Características «paranormales» de los incidentes. 

6.- Ausencia total de evidencias de peso que confirmen la existencia de estas visitas «extraterrestres» 

7.- La no existencia de una trama global que pueda unir todos los incidentes en una gran historia. 

8.- Que aparentan ser fenómenos que se mueven entre dos universos antagónicos, el físico y el psíquico. 

9.- Informaciones esquivas que no determinan ni el verdadero origen, naturaleza o propósito de los ocupantes de los  ovnis.

La suma de estos factores nos arroja un resultado incierto e inquietante. ¿Cómo es posible todo esto? ¿Qué explicación puede tener la infinita capacidad del fenómeno para variar de un episodio a otro? ¿Por qué se reinicia en cada encuentro? ¿Por qué tiene un cariz absurdo e hilarante? ¿Por qué no hemos sido capaces de obtener una sola prueba irrefutable? ¿Cómo se regula el fenómeno para mantenerse en la «clandestinidad», pese a sus numerosas apariciones? ¿Cómo pueden «moverse» entre el universo real y el psíquico?

(Extracto de mi libro DISTORSIÓN. Ovnis, apariciones marianas, bigfoots, hadas, fantasmas y extrañas criaturas ¿una teoría explicativa?)






JOSE ANTONIO CARAV@CA


Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.

domingo, 3 de enero de 2021

OVNIS: SOBRE MANDALAS QUE SE VEN EN LOS CIELOS


 



Mis estudios sobre los encuentros cercanos con ovnis han señalado que tanto la estética como la narrativa de dichos episodios están muy relacionados con el inconsciente de los testigos. Aunque la conclusión a la que he llegado es que más que pertenecer a un colectivo de creencias representadas a través de un único símbolo, el famoso mandala propuesto por Carl Jung, los ovnis y sus ocupantes parecen erigirse principalmente bajo la información psíquica perteneciente a un solo individuo (el testigo). 

Pero ¿qué significa esto? Por lo pronto que, por un lado, el fenómeno ovni se construye bajo patrones socioculturales muy específicos y por otro lado, que estos recursos son aportados, aunque de manera involuntaria, directamente por los testigos cuando están presenciando estas manifestaciones. Como si la decodificación del paradigma ufológico pasara bajo los particulares filtros de cada individuo que experimenta estos encuentros sin tener en cuenta los incidentes precedentes. Y aunque está claro que estamos enfrentados a experiencias globales, por el contrario, su desarrollo y composición es netamente personal, por lo que resulta muy complejo la unificación de criterios (a nivel de casos) más allá de poder registrar y anotar las características del modus operandi de estas irrupciones anómalas. Y es que, a mi entender, lo fundamental para empezar a comprender el enigma ovni, seria descifrar y comprender por qué los testigos ven lo que ven, y por qué lo perciben de esa determinada manera.

¿Y dónde nos lleva esto? A que, probablemente el fenómeno ovni no se está expresando bajo una única imagen o un único mensaje, sino que deja que cada testigo lo adorne o revista bajo un especifico aspecto que juega con el amplio estereotipo cultural de la visitación extraterrestre. Pero siempre desde el punto de vista humano.


Al margen de su realidad física, Carl Jung pensaba que los OVNIS eran proyecciones del inconsciente colectivo a través de un potente arquetipo universal; el mandala. Este símbolo era la representación de la divinidad encarnada en el ser humano a través del alma. Para el célebre psicólogo suizo los platillos volantes eran una suerte de mensaje catártico dirigido a la humanidad después de unos años convulsos y de grandes tensiones globales. 







En los sucesos de mayor proximidad con los testigos todo el escenario conformado parece estar muy relacionado con los protagonistas, como si la presencia de los observadores interfiriera de alguna manera en lo manifestado. Y esto explicaría la alta maleabilidad e inestabilidad de la casuística ufológica. 
Las descripciones de los elementos que componen el paradigma ovni (el binomio nave y ocupante) no son homogéneos o coherentes con un supuesto fenómeno estable de una naturaleza exclusivamente física ordinaria (que estamos siendo visitados por 1 o varias civilizaciones extraterrestres). Los ovnis parecen ser la manifestación de un fenómeno psicodimensional capaz de materializarse siguiendo las instrucciones estéticas y narrativas del inconsciente de los observadores, demostrando que tal vez toda nuestra literatura ufológica está sustentada sobre una coraza de creencias y factores socioculturales que arropan un paradigma genuino, pero filtrado (no confundir con interpretación) a nivel cognitivo por la interacción con los testigos.
Si los platillos volantes fueran el mensaje del inconsciente colectivo, mediante la efigie mítica del mandala propuesto por Jung, la imagen transmitida por el fenómeno ovni sería mucho más uniforme y hasta cierto punto estática, sin embargo, la casuística ufológica nos indica todo lo contrario. El círculo no es el símbolo primordial ni universal de los ovnis. Ni mucho menos. Cada individuo parece acceder a una aparente misma "señal", pero bajo sus patrones socioculturales la decodifica de una determinada manera anulando por completo el supuesto propósito (si es que existe) del emisor, al menos en cuanto a su apariencia.
 
 




 


JOSE ANTONIO CARAV@CA

Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.
 

 

 

miércoles, 9 de diciembre de 2020

INTRODUCCION: «ESTO NO ES KANSAS, NI SE LE PARECE…»






¿Qué son los ovnis? Esta es probablemente la pregunta más formulada en estas últimas siete décadas a los entusiastas de los platillos volantes, la interrogante del millón euros, que dirían algunos. No en vano, centenares de libros y miles de artículos publicados en más de diez países se amontonan en una interminable torre de Babel sin arrojar luz sobre esta espinosa cuestión. ¿Y cómo es esto posible? ¿Puede una ingente cantidad de información carecer de datos fiables y concretos de la naturaleza de un fenómeno? O lo que es lo mismo, ¿puede el estudio y análisis de montañas de documentos ovnis conducir a un callejón sin salida? Evidentemente, a tenor de los hechos, sí. Y es que, en los archivos de los investigadores se atesoran miles de avistamientos y encuentros cercanos con estas «máquinas» y sus «ocupantes» que deberían haber sido suficientes para establecer, al menos, alguna sólida teoría. Pero esto no ha sucedido. Las incertidumbres prevalecen sobre las certezas…

Aunque frente a esta realidad incuestionable, se da un hecho singular, casi paradójico. Aunque nadie ha mostrado jamás un platillo volante y a sus tripulantes sobre el plató de un informativo de televisión, la mayoría de los investigadores, y la opinión pública en general, han aceptado la hipótesis extraterrestre (HET) como la única solución a la ecuación que se nos planteaba desde el cielo. Y todo motivado única y exclusivamente por una sola sospecha que para estos estudiosos se transmutó en una rotunda «evidencia empírica» de que la propia «apariencia» del fenómeno ovni, nos mostraba la respuesta de una forma clara y contundente. Pues ¿qué otra cosa podría causar estos avistamientos? Los informes recopilados por los ufólogos están repletos de descripciones de vehículos espaciales, humanoides, escafandras, escalerillas, trenes de aterrizajes, humo, llamaradas, recogida de muestras y hasta pistolas de rayos… Por tanto, ¿qué duda hay? Los ovnis son visitantes del espacio estelar por pura y dura deducción...

Basados en esta «aplastante» lógica (¡?) la comunidad ufológica internacional, durante largas décadas, invirtió ímprobos esfuerzos en demostrar y defender la HET como la única respuesta válida ante el problema. Aunque lo hiciera a espaldas de la realidad. Porque hay una cosa clara que esta fuera de cualquier discusión. A día de hoy, la HET no puede explicar convincentemente el grueso de la «literatura  ovni» acopiada por los investigadores a lo largo y ancho del planeta; innumerables casos, existencia de platillos volantes de todas las formas y tamaños imaginables, infinita diversidad morfológica de los supuestos «extraterrestres», comportamientos absurdos y teatrales de los tripulantes de los ovnis, alteraciones espacio temporales, fenómenos paranormales, etcétera. Y es que la propia casuística ufológica ha ejercido como la principal «saboteadora» de la HET. El «bombero» pirómano. Ya que, con el devenir de los años, los informes ovnis han mostrado ser mucho más confusos y ambiguos de lo que sus pretendidas «apariencias» mostraban en un principio. Pero, aun conociendo estos episodios y estos aspectos insondables, una gran parte de la comunidad ufológica no quería dar marcha atrás después de tantos años, defendiendo a capa y espada estas ideas. Extasiados y fascinados ante la HET, prefirieron seguir defendiendo sus postulados, aunque para ello tuvieran que mirar para otro lado en determinados momentos. Incluso los ufólogos más obstinados modificaron o tergiversaron los casos más desestabilizadores para hacerlos encajar con sus férreos planteamientos. Pero tal y como afirmaba el genial Arthur Conan Doyle, en boca de su inmortal personaje Sherlock Holmes: «Es un error capital el teorizar antes de poseer datos. Insensiblemente, uno comienza a deformar los hechos para hacerlos encajar en las teorías en lugar de encajar las teorías en los hechos». Y salvo honrosas excepciones, una legión de investigadores se ha dejado arrastrar por este seductor «tsunami» ideológico, para perpetuar, una y otra vez, los mismos errores que han llevado al tema ovni al borde de un abismo insalvable.

Prueba de ello, es que, a lo largo de los años, y viendo la complejidad que tomaba la cuestión, los ufólogos tuvieron que abrir, aunque fuera a regañadientes, el abanico de posibilidades a otras explicaciones. Según el ilustre ufólogo sevillano Ignacio Darnaude, ante las incertidumbres generadas por el fenómeno  ovni se llegaron a plantear hasta más de 300 hipótesis diferentes: desde los idílicos extraterrestres, hasta visitantes de otras dimensiones, pasando por intraterrestres, ultraterrestres, viajeros en el tiempo, complejos sistemas de control, animales desconocidos de la estratosfera, entidades «vampíricas», sondas robots alienígenas, habitantes de la mítica Atlántida y un largo etcétera. A nuestro entender, esta increíble ruleta intelectual de posibilidades demuestra una cosa claramente; los ovnis encierran un secreto mucho más profundo de lo que su «apariencia externa» nos trasmite. Pero ¿a qué nos enfrentamos? ¿Debemos fiarnos de las apariencias? Me temo que no…

Pese a todo lo dicho, nadie puede negar a estas alturas que los ovnis son reales e incuestionables, a la par que inexplicables por nuestra ciencia actual. Lo que ocurre es que la no aceptación del paradigma a nivel general viene determinada porque aún no hemos sido capaces de precisar y concretar a qué nos enfrentamos realmente. Y es que los ovnis desconciertan a propios y extraños. Y toda esta confusión se origina porque sus furtivas incursiones parecen moverse entre dos universos supuestamente antagónicos, el físico y el psíquico, el real y el imaginario. Y es que los platillos volantes parecen surgir de una dimensión desconocida para manifestarse en una etérea frontera que se cruza con nuestra realidad, donde lo tangible y lo quimérico se hacen posible en una mágica conjunción. Como si se tratara de una alquimia imposible. Y esa, precisamente, es la pista que tenemos que seguir para esclarecer el enigma. Los  ovnis, al igual que el fabuloso reino descubierto por la joven Dorothy en la novela The Wonderful Wizard of Oz (El maravilloso Mago de Oz, Lyman Frank Baum, 1900), encierran un secreto oculto entre falsas «apariencias», «espejismos» y «trucos de magia», y solo atravesando este hipnótico «velo» llegaremos a desvelar el misterio…

Por lo tanto, tras más de setenta años de investigación e interminable especulación ufológica, es hora de «resetear» el sistema y ofrecer una nueva perspectiva sobre este prodigioso fenómeno. Es hora de retomar los viejos postulados y darles un nuevo enfoque. Una vuelta de tuerca más. Pensando sobre todo en esos miles de lectores y aficionados que, a día de hoy, ya exigen respuestas concretas. Demandan pasos adelante. Y, bajo esta premisa, se gestó la Teoría de la Distorsión. Pero vayamos por partes. Por el principio de todo…

Los  ovnis siempre me han interesado. No se cómo, ni por qué, pero desde muy joven el tema me atrapó. Recuerdo que cuando volvía del colegio me gustaba recortar y coleccionar recortes de prensa que hablaran sobre platillos volantes. Tenía una enorme curiosidad por aquellos relatos de personas que aseguraban haberse topado con una nave extraterrestre y sus ocupantes. Me parecía sencillamente fascinante. Y con los años mi curiosidad no menguó. Yo diría que fue todo lo contrario. Aumentó de forma gradual hasta convertirse en una sana obsesión. Por eso no es extraño que con catorce años lo tuviera tan claro. Mientras mis compañeros de juegos querían ser futbolistas, bomberos o policías, yo quería ser investigador de  ovnis, perseguir aquellas luminarias y toparme con sus tripulantes. Arrancarles su «secreto» o, al menos, convencerles para que me dejaran entrar en una de sus naves. Pues estaba plenamente convencido de que seres extraterrestres habían llegado a la Tierra desde lejanas galaxias. Y casi sin darme cuenta me vi envuelto en un sinfín de investigaciones, entrevistando testigos, escribiendo artículos y dando conferencias. Pero nunca me desvié de aquella curiosidad infantil. De mi verdadero objetivo. Encontrar respuestas…

Pero tras leer un libro revelador, Passport to Magonia: From Folklore to Flying Saucers (Pasaporte a Magonia: del folclore a los platillos volantes, 1969), de Jacques Vallée, en mi mente comenzó a perfilarse una nueva forma de enfocar el paradigma ovni. Y es que, al ahondar en la materia, comprendí que la problemática ufológica era mucho más compleja de lo que la hipótesis extraterrestre (HET) nos decía. Vallée lo había esbozado de forma admirable en su libro y había abierto la caja de Pandora. Había otras opciones en nuestra búsqueda de respuestas al fenómeno. Y fruto de mis nuevas inquietudes intelectuales, iniciadas tras aquella prometedora lectura, a principios de los noventa, publiqué en el boletín La Otra Realidad varios reportajes que dejaron claro mi drástico y casi definitivo distanciamiento de la HET. Empezaba a buscar nuevos horizontes. Pero el verdadero punto de «ruptura» con la mayoría de los planteamientos defendidos por mis colegas de la época, quedó perfectamente reflejado en un artículo titulado «OVNI: Auge, Caída y Transformación de un mito moderno» (1997), que causó gran impacto, incluso entre destacados investigadores como Salvador Freixedo. En dicho escrito comencé a intuir, al igual que otros estudiosos, que el testigo era el factor fundamental para comprender estas manifestaciones anómalas, que había «algo» que manipulaba la mente humana. Y a partir de ahí, poco a poco, año tras año, fui desarrollando progresivamente mis ideas, ampliando y completando los trabajos teóricos de muchos destacados investigadores. Y fruto de mi interés, escribí más de cien reportajes dedicados exclusivamente a exponer mis conjeturas. Y curiosamente, en 2011, gracias a la repercusión de algunos artículos publicados en los Estados Unidos, con la inestimable ayuda del investigador Rich Reynolds, decidí que era el momento de ponerle un nombre a este nuevo pensamiento ufológico. Y como todo surgió al otro lado del Atlántico, la patria de los platillos volantes, decidí nombrarla por primera vez en inglés. Y casi sin pensarlo lo bauticé como La Teoría de la Distorsión (Distortion Theory). Y de esta forma, tras más de tres décadas de estudio, se gestó una revolucionaria visión del fenómeno ovni, un proyecto que, en pocos años, a través de artículos, charlas y entrevistas, provocó gran interés en medio mundo. De hecho, mis reportajes llegaron desde Estados Unidos hasta España, lógicamente, y después a lugares tan dispares como Japón, Francia, Alemania, Argentina o Brasil, originando todo tipo de controversias y debates. Incluso destacados escépticos franceses y norteamericanos dedicaron tiempo y esfuerzo a contradecir algunas de mis afirmaciones. Esto era un síntoma inequívoco de que mis planteamientos empezaban a calar entre una gran parte de los aficionados e investigadores del tema ovni.

Y gracias a mi editor de cabecera, Oscar Fábrega, en 2018, publiqué un libro introductorio a mi universo teórico titulado Encuentros Cercanos con  ovnis ¿Una arquitectura psíquica? Introducción a la Teoría de la Distorsión, que convocó la atención de multitud de lectores y especialistas, provocando gran sorpresa y revuelo. Pero el verdadero reto era escribir este libro. Un amplio tratado que pudiera recoger detalladamente horas de infinitas reflexiones y con el que intentaría diseccionar de forma precisa este evasivo fenómeno, que hasta la fecha había logrado esquivar cualquier tipo de cartografía. Y, además, para mayor responsabilidad, tenía que cumplir con todas las expectativas que se habían creado en torno a mis tesis. Por tanto, no era una tarea sencilla. Nada sencilla. Pero, tras más de dos años trabajando en este manuscrito, rodeado de montañas de documentos, libros, revistas, añejas fotocopias, cuadernos de campos, casetes, y demás, conseguí por fin, no sin pocos quebraderos de cabeza —como habrá adivinado el lector—, dar forma a todos mis pensamientos, incluso a los más complejos, y transformarlos en este voluminoso libro que tiene entre sus manos. Una obra nada usual en el mundillo ufológico…

También me gustaría aclarar en este punto, antes de repasar un poco lo que nos depara esta lectura, que mis investigaciones se han centrado en un campo muy concreto de estudio, los numerosos e inexplicables encuentros con extrañas entidades registrados a lo largo de la historia, en los que podemos circunscribir perfectamente los denominados encuentros cercanos con  ovnis. Evidentemente, el «cajón» desastre en el que se ha convertido la ufología en la actualidad engloba probablemente muchos enigmas y sucesos misteriosos que nada o poco tienen que ver con el tema que nos ocupa en este tratado. Por tanto, es importante señalar que no es el objetivo de este libro, ni lo pretende, explicar todos y cada uno de los múltiples misterios e incidentes que se han asociado a los ovnis a los largos de los años: la posible vida en otros planetas, fenómenos lumínicos desconocidos, posibles tecnologías y experimentaciones terrestres secretas, etcétera. Como dice el refrán, eso es «harina de otro costal»…

¿Y qué encontraremos en esta obra?

Nuestro viaje arranca con una exhaustiva y cuidadosa radiografía de la casuística ufológica como nunca antes se había acometido. Para ello, a lo largo de los dos primeros capítulos expondré un buen número de asombrosos incidentes que nos ayudaran a adentrarnos en el verdadero núcleo del misterio ovni. Y lo haremos sin perder de vista ninguna de sus interesantes aristas, desde sus aspectos más claros a los más confusos. Continuaremos en el capítulo 3 con un extenso resumen de la evolución del pensamiento  ovni, desde las primeras e interesantes propuestas de Carl Jung, hasta los sustanciales avances de especialistas como Jacques Vallée, John Keel, Michael Grosso, Salvador Freixedo, Joseph A. Hynek, Scott Rogo, Carl Raschke, Dennis Stillings, Jerome Clark, Pierre Guerín, G. N. M. Tyrrell, Ignacio Darnaude, TerenceMcKenna, entre otros. Y todo, para tener una amplia y objetiva perspectiva del asunto que estamos analizando.

El capítulo 4 es sustancial para mis ideas, ya que en él remarcaré la inquietante vinculación de los platillos volantes con otras anomalías insondables protagonizadas por entidades y criaturas desconocidas. Por estas páginas desfilarán desde hadas y duendes hasta las visiones de fantasmas, pasando por las controvertidas apariciones marianas y los avistamientos del famoso Pies Grandes. Y en el capítulo 5, se mostrará otra sorprendente conexión: la extraordinaria relación entre la psique y los fenómenos extraños.

Finalmente, a partir del capítulo 6, hasta el décimo, nos introduciremos de lleno en la Teoría de la Distorsión, documentando a conciencia, todos, y cada uno de mis planteamientos con claros ejemplos extraídos de la literatura ovni. Creo que habrá suficiente material como para que los especialistas y aficionados puedan utilizarlo en sus futuros estudios o lecturas sobre el tema. Sería una bonita forma de confrontar mis ideas. Y en el último capítulo, quizás el que más meses me llevó confeccionar, compartiré mis conclusiones finales sobre la génesis y propósito de este desconcertante fenómeno. Anticipando que esas páginas estarán llenas de sorpresas… pero, poco más puedo adelantar…

Llegó el momento de empezar nuestro periplo.

Amigo lector, abróchese el cinturón porque comienza un apasionante viaje al corazón del que se ha considerado, en muchas ocasiones, el mayor enigma de la ciencia moderna… Y es que, como diría la buena de Dorothy, al lugar que nos conduce esta aventura no es precisamente «Kansas»… ¿Te atreves?


JOSE ANTONIO CARAV@CA

(Introducción de mi libro DISTORSION Ovnis, apariciones marianas, bigfoots, hadas, fantasmas y extrañas criaturas ¿una teoría explicativa?)



Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.

 

martes, 3 de noviembre de 2020

OVNIS: VISIONES IMPOSIBLES




Extrañas criaturas y entidades desconocidas siempre han estado presente en el folclore humano... En plena era de la bomba atómica, de las computadoras y los viajes espaciales, cuando lo sobrenatural apenas tenía hueco en nuestras vidas... aparecieron ellos... los ufonautas y los platillos volantes... como ecos perdidos de aquellos tiempos olvidados ... para recordarnos que aún hay cosas en la noche que desconocemos... Un misterio impenetrable que aún mantiene su velo de secreto...


JOSE ANTONIO CARAV@CA



Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.