En los testimonios sobre encuentros cercanos con ovnis hay una serie de factores que se repiten constantemente y que llevan décadas desconcertando a los investigadores. Y es que, cuando sucede una de estas experiencias, el testigo suele reportar que tiene la sensación de que el mundo se detiene a su alrededor. Como si, de pronto, la realidad quedara colapsada por el fenómeno. En pausa.
En 1983, la investigadora Jenny Randles llamó a esto el “factor Oz”. Básicamente, los observadores describen estar como fuera de la realidad, como si de repente ingresara en una cápsula que te aísla de todo. Algo muy difícil de explicar, y sobre todo de comprender. Muchos protagonistas de eventos de proximidad con ovnis o sus díscolos tripulantes cuentan que la realidad se ve afectada por su presencia. Calles que deberían tener gente están vacías. No se oye nada: ni coches, ni perros, ni viento. Silencio absoluto. Pero no un silencio normal, sino uno que resulta inquietante, como si estuvieras completamente aislado del resto del planeta.
Randles describe que: "Parece haber una zona de influencia que rodea estos encuentros cercanos. Si estás dentro de ella, experimentas el episodio en todo su esplendor y como una realidad total. Si estás fuera de ella, es como si el avistamiento del OVNI no hubiera ocurrido[1]". Y claro, esto plantea preguntas bastante serias; ¿Cómo puede pasar algo así en pleno día, en lugares donde debería haber gente, y que nadie más vea nada? ¿Qué tipo de tecnología permitiría algo así? ¿O estamos ante otra cosa?
La investigadora británica pensaba en la conciencia como punto focal del fenómeno, sugiriendo que los datos subjetivos pueden llegar a anular la realidad objetiva, ya sea por un origen interno o externo, comparando estos episodios con las “experiencias visionarias”. Además, muchas veces el encuentro no llega de golpe. Antes hay una sensación rara como una suerte de premonición, donde el testigo percibe de algún modo, que algo está a punto de suceder. Una forma sencilla de verlo es imaginar una “campana de silencio” que abarca la zona del episodio. El testigo entra ahí dentro y queda completamente incomunicado, como si el mundo normal quedara suspendido. En algunos casos, esto va aún más lejos con efectos fisiológicos. Personas y animales se ven afectados por una parálisis, como si estuvieran congelados. Y lo más desconcertante, es que esta misteriosa campana permitiría que estos encuentros ocurriesen en lugares abiertos, incluso concurridos, sin que nadie más se dé cuenta. Como si los incidentes ocurrieran en una “capa” paralela superpuesta a la realidad. Entonces, la gran pregunta que nos asalta es: ¿esto lo provoca algo externo mediante algún mecanismo tecnológico o se trata de una alteración en la percepción del testigo?
Según la teoría de la Distorsión, el encuentro ovni no sería solo algo que viene de fuera, sino también parte de un complejo proceso parapsíquico que puede alterar la realidad. Es como si el testigo entrara en una sala oculta donde proyectan una película que solo él puede ver. Todo es real, lo puede tocar, lo vive intensamente… pero nadie más tiene acceso a esa estancia. Y cuando termina, todo vuelve a la normalidad sin una transición clara. Simplemente… ya no está. Sabemos que la mente humana puede hacer cosas muy raras en situaciones extremas, de hecho, los sueños, ciertos estados mentales o incluso problemas neurológicos pueden alterar completamente la percepción del tiempo y del entorno.
Pero en los encuentros cercanos con ovnis parece que estamos ante algo realmente inusual. Los testigos entran en una zona difusa, en un punto intermedio entre dos mundos aparentemente antagónicos. No se trata de algo meramente mental, pero tampoco es algo físico al uso. Es una mezcla de ambas cosas. Un hibrido. Por lo que el “factor Oz” o la “campana de silencio” podrían ser parte de un proceso, una especie de ruptura momentánea de la forma en que normalmente percibimos la realidad. Y quizá la clave reside ahí. La psique de los testigos es inducida a trabajar en otra escala. Y lo curioso es que este mismo efecto se observa en otras experiencias anómalas, demostrando que todas pueden tener un origen común.
Por tanto la lectura es que quizá no sea el tiempo ni el espacio lo que se detiene ante estas manifestaciones del modo que hemos interpretado hasta el momento. Puede que lo que realmente cambia… sea nuestra forma de percibirlos. ¿Y si los ovnis nos abren los sentidos a una realidad ampliada?
[1] MUFON
UFO Journal, junio de 2004, n.º 434, págs. 18-19; ver también Reality
Transformation.
JOSE ANTONIO CARAV@CA
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