viernes, 30 de enero de 2026

LA “MAGIA” DE LOS EXTRATERRESTRES: SI ARTHUR C. CLARKE LEVANTARA LA CABEZA






En casi cualquier discusión sobre el fenómeno ovni, cuando los defensores de la hipótesis extraterrestre (HET) se ven contra las cuerdas, noqueados por la alta extrañeza de la casuística, o, aturdidos por las tesis que contemplan alternativas a sus idolatrados alienígenas, recurren a la famosa frase de Arthur C. Clarke como un recurso salvador: «Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia». 

Sacando de la manga esta máxima intentan dar carpetazo a cualquier debate. Todo lo extraño, lo incoherente, lo absurdo y lo imposible queda automáticamente explicado bajo un mismo paragua “mágico”, la tecnología extraterrestre. El problema obviamente no es la frase del genial escritor de “2001: Una Odisea en el espacio” (1968). El problema es el torticero uso que se hace de ella.


CIENCIA FUTURA

Pero, ¿qué decía exactamente Clarke en su libro “Profiles of the Future” (1962)?: «Si le mostraras un motor diésel moderno, un automóvil, una turbina de vapor o un helicóptero a Benjamin Franklin, Galileo, Leonardo da Vinci y Arquímedes —una lista que abarca dos mil años de historia—, ninguno de ellos tendría dificultad alguna en comprender cómo funcionaban estas máquinas. Leonardo, de hecho, reconocería varias de sus propios cuadernos de notas. Los cuatro hombres quedarían asombrados por los materiales y la calidad de la fabricación, que parecerían mágicos en su precisión, pero una vez superada esa sorpresa, se sentirían bastante cómodos, siempre y cuando no indagaran demasiado en los sistemas de control auxiliares y eléctricos. Pero ahora supongamos que se enfrentaran a un televisor, una computadora electrónica, un reactor nuclear o una instalación de radar. Más allá de la complejidad de estos dispositivos, los elementos individuales que los componen serían incomprensibles para cualquier hombre nacido antes de este siglo. Independientemente de su grado de educación o inteligencia, no poseería la estructura mental necesaria para asimilar los haces de electrones, los transistores, la fisión atómica, las guías de ondas y los tubos de rayos catódicos».

Desde hace varias décadas, buena parte de los defensores de la HET recurren a este planteamiento como una coartada elegante e intelectual para evitar enfrentarse de manera directa a la enorme cantidad de casos ufológicos que no encajan, ni a martillazos dentro de un modelo clásico de visitantes de otros mundos. Con esta premisa, imaginan que los alienígenas están cómodamente sentados frente a un tablero de mandos donde prácticamente pueden ejercer de dueños supremos del tiempo y el espacio, manejando y diseccionando nuestra realidad como si fueran cirujanos milagrosos. Y nosotros, evidentemente, seres primitivos no podemos comprender ni su ciencia ni sus propósitos y todo nos parece una locura inexplicable.

 

LOS ARCHIVOS DEL CAOS

Pero obviamente, mucho me temo, que esto no es lo que encontramos en los archivos ufológicos. Tenemos que tener presente que la casuística ovni no es simplemente “extraña” porque no la entendamos o los extraterrestres nos lleven milenios de adelanto. Realmente estamos ante un caótico archivo de casos profundamente absurdos que precisamente por saber interpretar, casi sin problemas, su contenido estético y narrativo, como si asistiéramos a una obra de teatro, nos parece incoherente. Aunque insisto, no en el sentido de lo incomprensible por avanzado ni distinto, sino en el sentido de lo confuso, lo teatral, lo grotesco y lo contradictorio que parece ante nuestros ojos. Ufonautas que actúan como parodias humanas, entidades que parecen sacadas de un delirio febril, mensajes crípticos sin lógica aparente, encuentros que se mezclan con poltergeist, apariciones religiosas o episodios claramente folklóricos. Todo eso forma parte del entramado ufológico. Como parte de una escenificación, forzada, impostada o caricaturizada.

Ante este panorama, la apelación constante a la “magia” tecnológica por parte de estos investigadores cumple una función muy concreta, crear un recurso que parece que lo explica todo, pero en realidad no explica nada… por tanto la magia no se traduce en nada concreto. Es una abstracto.

Se nos dice que los extraterrestres poseen una tecnología tan superior que nos parece magia cuando la tenemos enfrente y que no podemos llegar más allá porque poco menos que somos como un conjunto de hormigas ante un imponente cohete espacial o el tablero de un ordenador.

Muy bien.

Pero el problema es que, con esa misma lógica, se nos pide aceptar sin rechistar que unos visitantes alienígenas capaces de cruzar el espacio interestelar no sepan comunicarse con nosotros de forma coherente pese a llevar más de setenta años observándonos, y conocen a la perfección todos nuestros idiomas y gestos, nadie ve raro que se pasen el tiempo vigilando silos nucleares mientras hay guerras y desastres casi a diario, o que se presenten con disfraces ridículos y comportamientos propios de una película de ciencia ficción de serie B. Todo ese galimatías es producto de una superciencia que es “magia”. Y se quedan tan panchos.

Aquí es donde la célebre frase de Clarke deja de ser una reflexión brillante para convertirse en una triquiñuela intelectual. El célebre autor se refería, sobre todo, a que las personas del pasado serían incapaces de comprender cómo funcionan ciertos artefactos, pero no a que fueran incapaces de interpretarlos de algún modo. Podrían entender, por ejemplo, que la televisión es una especie de bola de cristal que muestra escenas ocurridas en otro lugar, o que la radio trae voces desde más allá. Si vieran a un astronauta con su traje, quizá no sabrían para qué sirve exactamente, pero sí captarían que en su interior hay un humanoide antropomorfo, o lo identificarían como un diablo o un espíritu.

 

¿REALMENTE ES TAN INESCRUTABLE LO QUE VEMOS?

Por tanto, una cosa es la incomprensión, lógica por supuesto, de la ciencia futura que hay detrás de lo que ven los testigos y otra muy distinta es que una persona quede completamente descolocada ante lo que presencia. Puede asustarse, asombrarse o correr en la dirección opuesta, pero no está viendo algo completamente ajeno a su imaginario. Si el astronauta le pide agua a una persona en el Siglo VIII, el mensaje es tan sencillo de entender como si se lo pidiera su vecino. Y esto es precisamente lo que encontramos en la casuística ufológica, acciones cotidianas o mundanas incrustadas en un escenario que nos resulta extraño y ajeno, incluso inquietante. De hecho, casi todos los encuentros cercanos con ovnis contienen trazas culturales que los hacen, en parte, perfectamente reconocibles. Incluso los aparatos y maquinarios que portan estos visitantes de las estrellas tienen una pátina terráquea. De hecho, sus armas son casi idénticas a las nuestras. Y cuando un testigo entra en un platillo volante ve una “pantalla” y “mandos” o “controles” muy parecidos a los que utilizamos los humanos.

Entonces la frase de Clarke se utiliza en realidad, con el único propósito de evadir responder a los enigmas e incongruencias de la casuística y para no tener que poner en solfa la tesis extraterrestre. No hay más. Se escudan en este pensamiento para no tener que dar explicaciones del absurdo, ni las incoherencias que presentan muchos informes, simplemente se crea una trinchera para agachar la cabeza. Los defensores de la HET no afrontan las grandes interrogantes del fenómeno, las esquivan por arte de magia.

Pero lo más llamativo de todo este asunto, es que ese mismo concepto de “magia”, que tanto les gustan, resulta inadmisible o intolerable cuando aparece en otros modelos interpretativos. Las hipótesis que rehúyen en su discurso a los alienígenas, como los ultraterrestres de John Keel, el sistema de control de Jacques Vallée o la propia teoría de la Distorsión son despachadas con burla o desdén como algo fantasioso y nada científico. ¿Por qué? ¿Qué diferencia real existe entre la magia tecnológica extraterrestre y esas otras formas de “magia” que ridiculizan?

Usar la frase de Clarke de esa forma es traicionar claramente su espíritu. Porque hay demasiadas cosas que no encajan con la HET, incluso aunque los alienígenas tengan una chistera mágica.

 



JOSE ANTONIO CARAV@CA 


Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.



No hay comentarios:

Publicar un comentario