sábado, 26 de septiembre de 2026

OVNIS Y EL LENGUAJE QUE NO ENTENDEMOS

 



La inteligencia artificial, ya sea en su lenguaje escrito o en el visual, parte siempre de lo humano. Sin embargo, lo que devuelve a veces se presenta ante nosotros con una extrañeza desconcertante porque ya ha pasado por los, casi infinitos e impredecibles, laberintos de su pensamiento digital.

Su forma de comprender la realidad y de comunicarse no tiene por qué resultarnos del todo comprensible, ya que su aprendizaje y evolución transcurre por caminos distintos a los nuestros. Y es por ello que muchos de sus resultados, sobre todo en las primeras generaciones de esta nueva tecnología, nos descoloquen y nos muestren una realidad nebulosa.

Curiosamente, esa misma sensación de rareza y abstracción, ese lugar intermedio donde lo cotidiano se mezcla con lo insólito, aparece desde hace décadas en los testimonios de quienes aseguran haber vivido encuentros cercanos con ovnis. En ambos casos, ya sea en una imagen generada por IA o en un relato ufológico, el desconcierto surge del mismo punto ciego, una realidad que parece filtrada por una mirada entre lo humano y otra forma de inteligencia que intenta expresarse utilizando códigos de nuestra propia civilización

La teoría de la Distorsión propone que no estamos frente a un simple teatro extraterrestre ni ante una alucinación individual, sino ante una compleja interacción simbiótica entre el observador y lo observado en una zona liminal de la realidad. Lo que ve el testigo no es “el fenómeno” en sí, sino el resultado de una compleja interacción con un agente externo es capaz de adaptarse a los filtrados socioculturales. Dicho de otro modo, el ovni no sólo se aparece, se co-crea a tiempo real ante los ojos de los observadores.

Y aquí es donde encontramos el escenario perfecto para establecer la comparación con la inteligencia artificial. Los algoritmos que construyen por ejemplo una imagen de una IA es el resultado de una composición a partir de millones de fragmentos visuales. La IA aprende de nosotros, pero no piensa como nosotros. Su mirada podríamos decir es casi alienígena. Produce imágenes perturbadoras e inconexas porque no entiende del todo lo que imita. Del mismo modo, el fenómeno ovni, sobre todo en los encuentros cercanos utiliza como soporte para su mensaje el material proporcionado por los testigos, su cultura, sus miedos, sus creencias, sus sueños pero ensamblarlo de forma coherente puede entrañar serias dificultades.

Ateniéndonos a los resultados, al igual que ocurre en el universo de los sueños, las experiencias ufológicas parecen el resultado de un extraño collage que a veces roza el surrealismo, un arte que intenta sobrepasar lo real impulsando lo irracional y onírico mediante la expresión automática del pensamiento o del subconsciente. Lo que percibimos es como un mensaje fragmentario que nunca termina de completarse. Al fin y al cabo, nosotros somos la imperfecta base de datos de los ovnis.




JOSE ANTONIO CARAV@CA

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